Lecciones de vida, también en el deporte, en la escuela de adultos de Pontevedra
PONTEVEDRA
Melania Rodríguez, José Luis «Indio» Díaz y Pablo Marcos piden que se normalice la ayuda psicológica en el alto rendimiento
13 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.«Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca». Y en la de la escuela pública de adultos (EPA) Río Lérez de Pontevedra, donde cuelga esa frase de Borges, pasan cosas maravillosas cada curso. Como lo que ocurrió este lunes con una nueva charla del ciclo Moito que aprender, una iniciativa que trae al centro a personalidades de diversos ámbitos y en la que se implican alumnos y profesores.
Este 12 de enero se habló de deporte, pero sobre todo de vida. Los protagonistas fueron la gimnasta Melania Rodríguez, el exbaloncestista José Luis Indio Díaz y el triatleta y entrenador de alto rendimiento Pablo Marcos. Antes de empezar se bromeaba con la altura de José Luis, al lado de Melania. Alguien dijo, «sí, pero ella salta más que nadie». Y no hubo debate.
No fue una conferencia al uso, sino que dos estudiantes, Gerardo y Lita, hicieron una pequeña y certera presentación de cada uno. Antes se proyectó un vídeo con imágenes de los tres en competición y en entrenamientos. Se pudo ver a Indio Díaz anotando un triple, a Pablo acabando una prueba o a Melania, tanto de niña como en el salto que, el pasado noviembre, le valió la medalla de oro en el Campeonato del Mundo de Trampolín. Imposible no volver a emocionarse con esas imágenes. La respuesta del público fue ponerse en pie y aplaudir. Ellos, agradecidos y subrayando que es «un placer» volver a la escuela pública de adultos.
Después hubo tiempo para muchas preguntas y más de una confesión. Una de las cuestiones fue cuándo tuvieron claro que el deporte iba a ser algo esencial en sus vidas. Indio Díaz contó que llegó de Venezuela a España con 12 años porque sus padres, emigrantes, «hicieron peto y se vinieron». El exjugador del Real Madrid y del Pamesa explicó que cuando estaba en el colegio le llamaba la atención «un rubio con bigotito» que jugaba al básquet. Era Wayne Brabender. «Yo entonces era muy malo, pero tenía la agresividad que la falta a otros». Desveló que años después Brabender se convirtió «en uno de mis mejores amigos y llegué a jugar con él».
«No paraba quieta»
Melania, que acabó el bachillerato en la EPA Río Lérez, relató que empezó a hacer deporte con 5 años y que de aquella «no paraba quieta». «En Ponteareas solo había gimnasia rítmica y no me gustaba. Además la profesora decía que se me daba mal». Así que acabó en la gimnasia artística y el trampolín. Su sueño, dijo, es llegar a unos juegos olímpicos y que «era feliz practicando gimnasia». Pablo afirmó que su caso es distinto porque «nunca fui bueno en ningún deporte. Yo no tenía un talento innato como ellos, pero sí era un cabezón». Después de la universidad vio que lo le llenaba era el triatlón, también por sus valores.
¿Pensaron en abandonar en algún momento?, fue otra pregunta. Melania lo hizo entre el 2017 y el 2021. «No porque no valiera la pena, pero no estaba disfrutando de lo que hacía». Y se explayó. «No vale la pena si no disfrutas. Estuve parada tres meses y necesité ayuda psicológica para volver a disfrutar del deporte». Su reflexión llevó a Indio Díaz a decir que ir al psicólogo no puede ser un tabú. «Si tengo gripe voy al médico, ir al psicólogo es lo mismo». Y dio otra clave. «Yo no he tenido esa sensación de no de disfrutar, pero no es lo mismo tener un equipo que hacer un deporte individual, donde la presión es mayor».
Subrayó que hacer un deporte de alto rendimiento es un trabajo y que es normal que alguien tenga que parar. «No hay que estigmatizar, ni verlo mal». En esa línea, Pablo incidió en que, por suerte, esa figura del psicólogo deportivo está cada vez más presente y es una herramienta imprescindible para gestionar las emociones: «Puede ser el resultado de una medalla o no».
En su caso, Pablo tuvo un par de momentos malos en que pensó en dejarlo todo. Uno fue tras el ironman de Hawái del 2022 y otro tras una caída con fractura de cadera. «No dábamos con la solución, estuve cuatro o cinco meses sin hacer deporte. Volví y disfruto con otro enfoque».