Del repollo y el tomate a las flores comestibles

Con fincas repartidas por Mondariz, Salvaterra y Pontevedra, la asociación Biochousa ofrece diversidad de productos de la huerta entre particulares y negocios de hostelería, entre los que hay estrellas Michelin


pontevedra / la voz

Con la idea de dinamizar la parroquia de Gargamala, en Mondariz, desde la Asociación Agroecolóxica Biochousa apostaron decididamente por impulsar una huerta ecológica con productos de temporada que, en la actualidad, no solo provee a las despensas de particulares de buena parte de Galicia, sino también a reconocidos establecimientos de hostelería, algunos de los cuales lucen estrellas Michelin o soles Repsol. «Tenemos huerta tradicional de Galicia, con tomates, pimientos, repollos, berzas, judías..., pero también cultivamos cosas diferentes, kiwanos, chayotes, flores comestibles, hierbas arómaticas y algo también de pequeño fruto, como frambuesa, grosella y arándano», explica Hermindo Álvarez Fernández, Mindo.

Paulatinamente, y con el paso del tiempo, esta iniciativa fue creciendo y, a día de hoy, son seis los integrantes de este colectivo, a los que próximamente se sumarán otros dos, con fincas ya no solo en el municipio de Mondariz, sino también en la vecina Salvaterra de Miño y en la parroquia pontevedresa de Lérez. «El ser seis personas, seis fincas, seis proyectos diferentes nos permite abarcar multitud de productos, diversificamos la huerta. Podemos ofertar un abanico de productos, todos de temporada, mayor que el que ofreceríamos si fuéramos individualmente», recalca al respecto.

Echando la vista atrás, Mindo reconoce que lo más complicado a la hora de sacar adelante una propuesta como la de su asociación es organizarse y ponerse de acuerdo entre los socios para repartirse las producciones y que exista diversidad, que no se repitan los cultivos. De igual modo, otra de las cuestiones sobre las que más hincapié se hace es en el hecho de homogeneizar la marca Biochousa: «No es la huerta de Fernando, ni la de Mindo, somos un conjunto. Tenemos una nave en Salvaterra y desde el momento en el que el producto entra en ella pasa a ser de Biochousa. No es de la finca de uno, ni de la de otro», incide.

En este punto, desde la asociación remarcan que su apuesta es, además, por la calidad y por una huerta más acorde con la sensibilidad social del siglo XXI, lo que explica que hayan optado por la agricultura ecológica. Este marchamo es lo que valoran los distintos negocios de hostelería entre los que distribuyen sus productos, entre los que se encuentran estrellas Michelin -Casa Solla, en Poio, Retiro da Costiña, en Santa Comba, o Nova, en Ourense, entre otros-, pero también toda clase de clientes particulares. De hecho, disponen de una tienda física en el Mercado do Progreso, en Vigo, que, según remarca Mindo, es algo que representa a la totalidad de los socios.

Uno de los próximos pasos es adentrarse en las ventas online. Por el momento, no disponen de este servicio, aunque a la vista de la demanda que tiene y al seguimiento que tienen en redes sociales es algo que están preparando para activarlo en un futuro, más o menos, inmediato.

En todo caso, y como consecuencia de la pandemia, Biochousa ha reforzado la atención al cliente intensificando el reparto domiciliario -de hecho, uno de sus productos estrella, tal y como recoge su perfil de Facebook, son las cestas a domicilio-.

Efectos de la pandemia

Y es que tratándose del covid-19, al igual que está ocurriendo con otros sectores económicos y sociales, la pandemia del coronavirus también se ha hecho notar en este negocio, si bien sus efectos han sido, en principio, más difuminados. «No hubo pérdidas, seguimos vendiendo igual, pero sí es cierto que hay más trabajo porque tenemos que repartir a domicilio», apuntó Mindo, al tiempo que destacó que, gracias a esta circunstancia, la asociación no se ha visto en la tesitura de tener que subir los precios del año pasado.

De igual modo, han podido observar cómo en los últimos tiempos han aumentado las ventas en la tienda del Mercado do Progreso, una circunstancia que, según achacan, tiene su origen en que los consumidores están apostando por adquirir preferentemente productos locales y de proximidad. «No se va tanto a grandes centros comerciales y prefieren venir más a los mercados municipales y a las tiendas locales. Es algo que se nota».

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