Cuestión de ciudad

Pontevedra presenta los peores datos de contagios de Galicia pese a las restricciones en curso decretadas por la Xunta de Galicia. La solución nos incumbe a todos


Afrontémoslo sin tapujos: tenemos un problema mayúsculo. Ya es una cuestión de ciudad. Nos incumbe a todos los pontevedreses. Actualmente somos la urbe que presenta los peores datos de crecimiento de contagios por coronavirus de toda Galicia. Más de 650 casos activos en el área sanitaria de los que el mayor porcentaje corresponde a Pontevedra.

Las restricciones de aforos que se vienen aplicando desde mediados de la pasada semana no han surtido el efecto deseado. Todo lo contrario: sumamos más infectados. En los dos días últimos días, 45 positivos más hasta alcanzar los 344. El mayor incremento de la comunidad autónoma. Ya no son brotes; es contagio comunitario. Una barbaridad que revela un fracaso colectivo que nos atañe a todos: ciudadanos, agentes sociales, cuerpos y fuerzas de seguridad y administraciones. Si nos dejamos estar, vamos camino de un triste mérito: ser «zona cero», un Wuhan de Galicia. ¡Menuda imagen sería!

Nos jugamos mucho

Continuar por esta pendiente podría llegar a matar sectores cruciales para la economía local como el comercio de proximidad, la restauración, la hostelería y el turismo. Si esto sigue empeorando, ¿cuántos de los que cierren no volverán a abrir?

Es muy entendible el lamento que escuchó Maica Larriba, subdelegada del Gobierno Central en la reunión que mantuvo con directivos de Hoempo, la asociación local de hosteleros. Como hicieron semanas atrás ante el alcalde Lores, con un resultado tan infructuoso como decepcionante. Aún esperan por las ayudas municipales que siguen siendo un mero borrador. Y mientras pagando tasas, incluidas algunas cuya continuidad es harto discutible y políticamente insostenible.

Mientras, este sector se siente señalado, casi criminalizado, al haberse fraguado una parte sustancial de los rebrotes en malas praxis de una minoría de empresarios por España adelante, especialmente en el ocio nocturno. La irresponsabilidad de esos pocos causó que se extienda injustamente la sombra de la sospecha sobre todo el gremio sin distinguir fronteras. No es justo que se estigmatice a todos; pagan justos por pecadores.

Hace perfectamente Hoempo al plantear a todas las empresas y autónomos del sector para que se avengan a hacer PCR entre propietarios y trabajadores, colaborando con el cribado que propone el Sergas. Un acierto pleno. Ojalá no sea demasiado tarde para sacudir la sospecha que cae sobre el sector.

Botellones y fiestas privadas

El cerrojazo del ocio nocturno ha tenido un efecto secundario más peligroso aún. Abrió otras espitas de contagios: los botellones y las fiestas privadas se han disparado. También en el área de Pontevedra, lo que está en relación directa con los rebrotes. Puestos a señalar responsabilidades, cada Concello, cada Policía, ya sea Local, Autonómica, Nacional o la Guardia Civil, también tienen su cuota de responsabilidad pues los niveles de vigilancia distan mucho de los que serían necesarios.

La Xunta tampoco puede sacar pecho. Su gestión es zigzagueante. En agosto no se atrevió a apretar clavijas para no estropear la menguada campaña veraniega. Ahora va con retraso. Véase la «limpia» que ha hecho Feijoo en las Consellerías de Sanidad y Educación y deduzcamos el nivel de fracaso. Se improvisa mucho: la peregrina idea de exigir mascarilla en las competiciones, incluso en deportes de contacto, es el summum.

Ni imaginarme quiero que podría llegar a ocurrir si seguimos en caída libre y el presidente gallego con el asesoramiento del comité científico, decide aplicar mayores restricciones como las que desde el viernes se obligan en algunas calles de la ciudad de Ourense. O lo de Madrid.

Los datos de crecimiento de los contagios en la ciudad de Pontevedra y municipios aledaños (Poio, Vilaboa, Marín… y ya veremos cuánto tarda en caer Sanxenxo) son comparativamente peores de los que se dieron en el área urbana coruñesa o en la Mariña lucense. Con un peligro añadido: el inicio del curso en los institutos que arrancarán a partir del próximo miércoles. Ya con la vuelta a guarderías, escuelas y colegios de infantil y primaria tenemos abundante casuística, entre positivos, aislamientos, cuarentenas y algún cierre como el del Colegio Calasancio (que a partir de mañana inicia una reapertura escalonada). Pues bien: ya veremos que nos depara el comportamiento de miles de adolescentes a los que resultará más difícil controlar que usen la mascarilla y guarden las distancias. Especialmente antes y después de las clases.

La «última» de Mosquera

En estas ha llegado César Mosquera con una decisión a bocajarro, el corte al tráfico de la avenida Reina Victoria con carácter indefinido. Una machada que barniza con un supuesto consenso con la comunidad educativa. ¿Y los demás afectados, qué? En el fondo, es la práctica habitual del concejal plenipotenciario de la mobilidade. Ya hizo una igual hace 20 años con las escaleras de Pastor Díaz. «Algo provisorio», dijo. Y aún sigue.

El corte, con bolardos y reordenación del tráfico como se hace tradicionalmente en las fiestas de La Peregrina, se postula como medida por la pandemia pero tiene trastienda. Miren hacia el puente de ABarca. Recuerden el manifiesto deseo de este gobierno municipal de dejarlo a un carril y sentido único para meter el tráfico de entrada por el de As Corrientes. Al tiempo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
19 votos
Comentarios

Cuestión de ciudad