Un río con un pasado esplendoroso

PONTEVEDRA

Las aguas minero-medicinales del Lérez fueron declaradas de utilidad pública mediante Real Orden en el año 1904 y adquirieron fama internacional

17 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La recuperación de los salones del Lérez y la nueva senda fluvial hasta Bora por la margen izquierda han hecho más visibles las ruinas del antiguo Balneario de Monte Porreiro que construyó a principios del siglo pasado el industrial Casimiro Gómez. El entorno de esta edificación ya había sido objeto antes de varias intervenciones ambientales y llama la atención que nunca se planteara su aprovechamiento para algún tipo de instalación de ocio.

En un artículo publicado en el último número de la revista Cedofeita, que edita la Asociación Sociocultural de Lérez, Xosé Manuel Pereira Fernández, profesor de la Universidad de Santiago, recuerda el esplendor del citado balneario, inaugurado el 22 de agosto de 1906 con el objetivo de conseguir el máximo rendimiento en la explotación de los manantiales Monte Porreiro y Aceñas.

Las llamadas Aguas Minero-Medicinales Lérez fueron declaradas de utilidad pública mediante Real Orden de 15 de noviembre de 1904. La casa central estaba en Buenos Aires, donde Casimiro Gómez tenía importantes negocios, y su principal mercado se localizaba en Inglaterra y Sudamérica, sobre todo en la República Argentina.

Explica el profesor Pereira que el éxito de estas aguas, producto de intensas campañas de publicidad, convirtieron al empresario pontevedrés que las comercializó en proveedor oficial de la Casa Real Española. Eran consumidas por hospitales ingleses, americanos y españoles y existe también constancia documental de pedidos por parte de la Casa Real Inglesa. «Los beneficiarios de su comercialización en el mercado británico eran W. J. Balter, J. Cdilliarns y F. W. Wade. Y para tal fin se creó la The Lérez Natural Mineral Water Company, sociedad con sede en Southampton y sucursales en Londres y Liverpool».

En la publicidad, a las Aguas Minero-Medicinales Lérez se les asignaban propiedades curativas del aparato digestivo, intestinal, renal, el hígado, la vejiga, hemorroides... y se decía que también actuaban contra el cáncer, reumatismo, artritis, diabetes, anemia, sífilis, tuberculosis y hasta desarreglos menstruales de la mujer, además de servir para estimular el apetito.

Para certificar la veracidad de las propiedades se recurrió como aval a un estudio realizado por el catedrático de la Facultad de Ciencias de Madrid, José Muñoz del Castillo, a quien se atribuye también el siguiente eslogan promocional: «Cada gota de agua Lérez es una gota de oro para la salud».

Las Aguas Minero-Medicinales Lérez obtuvieron grandes diplomas de honor y medallas de oro en las exposiciones internacionales de Higiene y Regional Gallega, celebradas en Madrid y Santiago en los años 1907 y 1909. Y cuenta en su artículo José Manuel Pereira que en la primera de ellas, Casimiro Gómez fue felicitado personalmente por Alfonso XIII, prometiéndole el monarca visitar Monte Porreiro.

Según Pereira, uno de los ejes de la estrategia de Casimiro Gómez consistió en conseguir de un elevado número de profesionales de la medicina, científicos y personalidades, un serie de informes favorables sobre los efectos terapéuticos y calidad de las Aguas Minero-Medicinales Lérez. Y según recoge también, todos los visitantes ilustres que recalaban en Pontevedra realizaban la obligada gira por el Lérez y visitaban el balneario Villa Buenos Aires, como se denominaba al complejo de Monte Porreiro, que incluía un hotel y una planta de embotellado.

Así, cita por ejemplo la visita de José Canalejas en 1907, además de los políticos pontevedreses con proyección estatal, caso de Montero Ríos y Vicenti.

Recoge además que en 1910 visitaron Galicia y Monte Porreiro grupos de médicos y periodistas ingleses interesados en el termalismo, las escritores inglesas Desmond Deane y Storrs Turner, el embajador de Inglaterra y la infanta Isabel de Borbón.

Tras un período de menor relumbrón publicitario, Monte Porreiro adquiere de nuevo protagonismo en 1918 con motivo de la visita a Pontevedra del ex sultán de Marruecos, Muley Haffid, que parece ser el último ilustre personaje que visitó el balneario. Y a partir de 1922 parece que deriva en actividades diferentes de la termo-balnearia. Casimiro Gómez centra sus inquietudes en la ganadería y la agricultura y sus posesiones pontevedresas aparecen reflejadas gráficamente como Granja Monte Porreiro.