Un problema de límites está detrás del conflicto que sufre un vecino de Poio desde que en el 2002 compró una finca en Barro. Cree que es víctima de una persecución
12 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Manuel Rozados Bugallo y su mujer, Milagros Souto Pulleiro, no se imaginaban hace siete años que la compra de una parcela de poco más de 1.300 metros cuadrados en la parroquia de Agudelo, en Barro, les iba a cambiar la vida, pero para mal. Y eso a pesar de que, entonces, un lindante ya se lo dejó claro: «Al enterarse de que había comprado la finca -afectada por un proceso de concentración parcelaria- me dijo que iba a tener problemas».
La cosa se complicó a partir del 2004, cuando solicitaron licencia para el cierre de la parcela del lugar de Os Casás. La situación que dicen vivir ahora es tan delicada que este hombre que reside en el municipio de Poio se decidió a contar su caso para evitar consecuencias mayores. «A estas alturas tengo claro que hay una persecución contra mi persona. Primero fueron amenazas verbales, pero hace unos días de las palabras se pasó a los palos», comentó esgrimiendo abundante documentación, que incluye denuncias ante la Guardia Civil y un parte de lesiones del hospital Montecelo.
El problema se desencadenó a raíz de la presentación, a mediados de octubre, de un recurso contencioso-administrativo contra el Ayuntamiento de Barro. Este matrimonio volvió a acudir a la vía judicial porque discrepa con el acuerdo adoptado por la junta de gobierno local el pasado 10 de agosto, cuando se declaró la caducidad de la licencia que le habían concedido para el cierre de la parcela.
Días después, el 31 de octubre, tuvo lugar la supuesta agresión. Según la denuncia, un vecino, José Fontán Redondo, y varios familiares estaban en su finca. Otra persona, contratada por este vecino, estaba tirando con una excavadora parte del muro de la propiedad de Manuel Rozados. Cuando este se subió a una altura para poder fotografiar los daños, fue agredido por un yerno de José Fontán en las piernas y los brazos. Su hijo, José Carlos Rozados Souto, se quedó en la finca cuando su padre fue al hospital y, supuestamente, sufrió un intento de agresión por parte del yerno de José Fontán, que atacó su coche con un palo y realizó «maniobras bruscas durante la conducción, estando a punto de colisionar con el denunciante».
Detrás de este conflicto vecinal hay un problema de lindes, porque el vecino se opone al cierre de la finca al entender que Manuel Rozados está invadiendo su propiedad. «Estoy preocupado porque la cosa va a más y no sé hasta dónde puede llegar. Hablé con el alcalde de Barro, porque hay un funcionario del Concello metido en el ajo, pero no me dio ninguna solución y se desentendió del tema», señaló. Este periódico intentó ayer contactar por teléfono con José Fontán para conocer su versión, pero un familiar dijo a La Voz que no se quería poner.