Una historia de rellenos y de destrucción del casco histórico

Maruxa Alfonso Laya
M. Alfonso VILAGARCÍA

PONTEVEDRA

VÍTOR MEJUTO

Reportaje | El urbanismo en Cambados El técnico de Patrimonio Javier Montero narra en un estudio cómo el municipio pasó de ganar terreno al mar y de ignorar su patrimonio a recuperar su litoral y sus edificios más antiguos

31 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Hubo un tiempo en que no importaba llenar la costa de toneladas y toneladas de escombro. En el que las alturas de los edificios llegaban hasta donde uno quisiera y en el que una casa antigua era una vieja edificación que se podía tirar sin mayores contemplaciones. Por todas estas modas se vio afectado el municipio de Cambados. Un artículo del técnico de Patrimonio Javier Montero, publicado por la Diputación, permite ahora conocer la historia del urbanismo en este municipio. Montero relata que los cambios en los modos de vida provocaron una transformación de los espacios urbanos a partir de la década de los 60. Fue entonces cuando en Cambados se procedió a urbanizar fincas como la de Bazán, la de Silva y la de A Xuventude. En esa época se construyeron también los edificios de la Sociedad Cultural y el Pósito, el instituto, el colegio y las viviendas sociales de San Tomé y Cambados, más conocidas como las casas baratas. Empezaron además los rellenos y, en febrero del 68, salió a subasta pública la obra de relleno y saneamiento de la marisma del Parador, que se iba a destinar a construir la casa consistorial y un parque. Hubo también proyectos de mayor ambición que, afortunadamente, nunca salieron adelante. Es el caso del relleno y el paseo marítimo de O Pombal, en el que se pretendía habilitar un espacio de 130.550 metros cuadrados sin un fin concreto. «Las ampliaciones de los rellenos del puerto durante las décadas de los 80 y 90 y un sinfín de vertidos incontrolados provocaron un importante deterioro medioambiental, hoy difícilmente subsanable», explica Montero. Ansiedad por construir Por otro lado, en esa época se generó una ansiedad por crecer a toda costa que llevó a mirar de reojo a Vilagarcía «donde se construían edificios más altos y modernos que en Cambados». «La casi nula planificación de los nuevos espacios construidos, la obsesión desmedida por ganarle terreno al mar... nos lleva a pensar que no se trataba de hacer la villa más moderna, sino más bien de construir una nueva», argumenta el técnico. Llegó también la necesidad por ampliar viviendas viejas lo que, unido al bajo nivel económico de muchas familias, provocó que se escogieran materiales y sistemas constructivos de muy baja calidad. A ello hay que sumarle la ausencia de normativas de protección, lo que provocó «la paulatina desaparición de nuestra arquitectura y una disminución grave de la calidad estética del conjunto urbano», afirma el estudio. En los años sesenta, el mercado y la plaza de abastos se trasladaron al muelle y, en breve, se convirtieron en elementos dinamizadores del sector terciario, que pasó a ser el principal factor de crecimiento urbano. En la década de los ochenta, Cambados se consolidó como centro de la vida mercantil y de negocios. Será precisamente a finales de esta década cuando sus principales agentes sociales y políticos «empiecen a sentir la necesidad de buscar soluciones para frenar este proceso caótico de crecimiento», asegura Montero. Pero, aún así, surgieron grandes obras, como la del puerto de Tragove, «de vital importancia para la economía local, pero con un nefasto diseño que terminó por provocar un impacto paisajístico y medioambiental sin precedentes», añade. La fachada marítima Así, en los 90 encontramos una fachada marítima con zonas marginales, escombreras y vertederos, típica de municipios que crecieron de espaldas al mar. Sin embargo, la política de potenciación del núcleo urbano pasó porque Cambados recuperara su contacto con el mar. Las obras comenzaron por la zona en la que existía una mayor desconexión, la fachada marítima del antiguo núcleo de Cambados. Se construyeron entonces edificios como el centro de salud y la estación de autobuses y se habilitó el primer paseo marítimo. Al mismo tiempo, este crecimiento desmedido provocó estragos en el conjunto histórico, que se frenan con el plan especial de protección del conjunto histórico. Sin embargo, «observamos cierta ambigüedad a la hora de asignar estos niveles de protección» y, así, se protegieron demasiado edificios que no tienen valor y se deja más libertad en otros que sería preciso conservar. Pero llega el área de rehabilitación y, con ella, «el marco idóneo para la recuperación del patrimonio» y también para promover actuaciones de revitalización del casco histórico. «Cambados tiene que seguir respirando historia», concluye Montero.