Praza da Ferrería Poio celebra hasta el próximo día 28 su unión con el océano. El programa incluye degustación de productos, visitas guiadas a Tambo y competiciones de pesca
20 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Combarro celebra desde ayer y hasta el próximo domingo su unión eterna con la mar. Siglos de trato directo que les han enseñado a amarlo y respetarlo. Sus frutos proporcionan vida y, sus bravas aguas, la arrancan. Conocida como Festa do Mar, esta exaltación de la naturaleza otorga al visitante una gran variedad de posibilidades de conocer más a fondo su inmensa riqueza: degustación de mariscos y pescados, campeonatos de corricán, exposiciones... Pero este año la mayor singularidad que ofrecen es, sin lugar a dudas, la posibilidad de visitar la isla de Tambo. «Yace en el mar, si no continuada / Isla, mal de la tierra dividida, cuya forma de tortuga es perezosa». De este modo se refería Luis de Góngora y Argote, el gran poeta del Siglo de Oro, a la isla de Tambo. Según la etimología griega y la latina, «tamb» significa lugar elevado de forma circular. Y así es esta isla que lleva siglos ocupada. Primero fueron los monjes benedictinos, después un hospital para enfermos que necesitaban ser puestos en cuarentena y, por último, un polvorín militar. Los militares continúan, aunque por poco tiempo. Mientras tanto, su presencia se deja notar: «Si te acercas con alguna embarcación, cuando sólo estás a diez metros, escuchas una voz que te dice: 'Zona militar, aléjense'», comentaba una mujer del lugar a una foránea. Por su parte, Sessa Torres, de Combarro, criticaba el estado de la isla: «Había mucha basura, desde botellas de plástico a papeles». Lo que corroboraba una catalana: «Muy sucio, yo cogí una caja de cerillas con las señas del Ejército para mi hijo». Y alguien cercano a la organización añadía: «Incluso comentaban os propios militares que fixeran un botellón». Paraíso Pero, el comentario más repetido, fue de satisfacción: «Una pena que se haya hecho tan corto». «Viva la iniciativa del alcalde de Poio, debería aprender nuestro alcalde de Marín». «¡Qué bonito!». «Llevo toda la vida viviendo la isla desde Marín y ahora, por primera vez, consigo conocerla. Maravillosa, no me ha decepcionado».