En directo | El otro carneiro ao espeto El festejo más conocido de Moraña fue algo más que una comida bajo la carballeira, fue una jornada de fiesta continúa desde primera hora de la mañana hasta la madrugada
01 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Menuda juerga. La carballeira de Santa Lucía fue el escenario, este domingo, elegido por gentes de todas las generaciones para pasárselo en grande. Lo de degustar el carneiro ao espeto, por momentos, se convirtió en algo secundario. De hecho, para muchos sólo fue una mera excusa para empaparse, tanto por dentro como por fuera, de vino, kalimotxo y cerveza al ritmo de los sones del Dr. Ancho. ¿Qué las peñas taurinas de Pontevedra apenas ya se dejan ver por la fiesta? No importa, ahí están las de Moraña y aledaños para ponerle el color y el olor a la carballeira. Mientras algunas mesas se convirtieron en improvisados tablaos flamencos o en pistas de baile donde los más valientes no dudaron en echar un agarrao o dejar muestras de su buen hacer, ya fuera con una muñeira o un pasodoble como banda sonora. Para otros, la emoción se hallaba en el bazar en que se convirtieron algunos de los accesos de la plaza. Si durante la comida hubo oportunidad de adquirir -con regateo incluido, paisha- colonias, relojes y cámaras digitales a todas luces de imitación, luego le tocaría el turno al top manta, ya fuera con grabaciones piratas de discos compactos o copias fraudulentas de películas en DVD. Pero entre tanto parche en el ojo y pata de palo, lo que más llamó la atención fueron los numerosos vendedores ambulantes que ofrecían, a precio de risa, zapatillas deportivas de conocidas marcas comerciales. A 40 euros unas nike o unas puma, oiga. Este año, por otro lado, el carneiro ao espeto tuvo también su lado picantón. Erótico, vaya. Por tres euros se podían adquirir dos dados en cuyas caras se podía leer acciones -besar, acariciar, masajear...- y partes del cuerpo -labios, pezones, cuello...-. Lanzar ambos cubos y a echar a volar la imaginación era uno. Incluso existía una segunda modalidad, un poco más fuerte, donde aparecían posturas del kamasutra. Además, eran fluorescentes para que pudieran disfrutar los que prefieren la intimidad de la oscuridad. Y para redondear el calentón, la noche de fiesta la cerró King África. ¡Boooooooomba!