Marcas como Nike y Adidas reclaman más de 100.000 euros por la venta de «kilos y kilos» de ropa falsificada que se comercializaba desde Verín

Marta Vázquez Fernández
M. Vázquez OURENSE

VERÍN

Tres acusados comparecieron en la sala de vistas y el cuarto lo hizo por videoconferencia
Tres acusados comparecieron en la sala de vistas y el cuarto lo hizo por videoconferencia M. FERNÁNDEZ

Cuatro acusados responden ante una jueza de Ourense por la venta de productos textiles fraudulentos que se habrían confeccionado en Portugal

16 dic 2025 . Actualizado a las 08:49 h.

Los años en los que la venta de ropa falsificada suponía una gran preocupación para las autoridades por las ingentes cantidades de prendas que se movían en tiendas y mercadillos de la provincia de Ourense ya quedaron atrás, pero muchas de las operaciones que se llevaron a cabo durante aquellos años están aún pendientes de someterse al examen de los tribunales.

Este mismo lunes, y tras cuatro intentos previos fallidos, por fin comenzó en la sala de vistas del Juzgado de lo Penal 1 el juicio contra cuatro acusados de formar parte de una red dedicada a la venta de ropa que simulaba ser de marca. Se sospecha que el epicentro de todo el entramado estaba en un almacén situado en la calle Río Támega de Verín, al que según el fiscal del caso llegaban «kilos y kilos» de prendas que se confeccionaban en talleres textiles de la localidad lusa de Guimarães.

Al frente de la red estaría Juan S. Á., administrador único de una empresa que tenía como objeto social la comercialización, compraventa, explotación e importación de prendas de vestir que, según las acusaciones, «reproducían marcas protegidas por los derechos de la propiedad industrial, sin la autorización de las correspondientes titulares». Estos artículos se vendían al por mayor a clientes locales, sospechándose que también se distribuían en establecimientos que el líder de la trama tenía en Xinzo, Ponferrada y Santander. En un dispositivo policial desarrollado el 6 de septiembre del año 2019 se localizaron más de ocho mil prendas que simulaban ser de marcas comerciales como Dsquared, Nike, LOL Surprise o Adidas, que ahora reclaman más de cien mil euros a los investigados.

Eso sí, la mayor parte de los trabajadores que desarrollaban su actividad en las distintas sedes de la empresa negaron ser conocedores de que el género que entraba y salía fuera ilegal. «A mí me daban unos calzoncillos y yo los vendía, no sabía si eran falsos o no», explicó uno de los empleados del almacén de Verín, que aseguró tener relación de amistad con el presunto cabecilla y con su yerno, el también acusado Félix R. P. Eso sí, acabó admitiendo que sabía que se comercializaban prendas de precios elevados y que se referían a algunas de ellas con nombres como «la bandera», en relación a las de Tommy Hilfiger.

Algo más de detalle sobre la actividad comercial aportó un empleado al que detuvieron en aquella redada de septiembre del 2019. Tras pasar unos días en los calabozos, y no prosperar cargos en su contra, cogió una baja por enfermedad y regresó un año después a la empresa Juncar. «Vi por allí varias cajas y cogí miedo; decidí marcharme sin paro y sin nada», relató en la sala de vistas. Explicó que el negocio de la sociedad «fue siempre la venta mayorista» y dijo que el destino de las prendas eran los mercadillos. «Podía llegar un camión lleno de pijamas», describió sobre el volumen de actividad que manejaban, explicando que se vendían todo tipo de marcas, «baratas y caras». «Mil kilos los movía yo en un día», recordó cuando el fiscal le preguntó por la recepción en un año de 1.011 kilos de ropa que llegaba en cajas desde el país vecino, si bien detalló que en aquel momento él no sabía si eran productos legales o no.

Solo uno de los cuatro sospechosos quiso prestar declaración, aunque lo hizo únicamente a su abogada. Se trata de Josué P. P. que compareció por videoconferencia desde Santander. Explicó que era mozo en el almacén de esa localidad y que se limitaba a recibir órdenes de sus superiores, sin mencionar quiénes eran.

Compareció como testigo la compañera sentimental del cuarto acusado, Carlos R. Á., que trabajaba como dependienta en la tienda cántabra. Negó tener idea de la procedencia de los 38.000 euros que los agentes intervinieron en su casa y, a pesar de que en su primera declaración reconoció que «algo sabía» sobre la venta de ropa que simulaba ser de marcas de moda para mercadillos, dijo esta vez no recordar nada de aquello. Ni siquiera pudo memorizar el dinero que ganaba su marido. 

Las defensas piden nulidad

Y tras una primera sesión que se cerró con la declaración de representantes de las numerosas marcas que se vieron perjudicadas, el juicio continuará durante el resto de la semana. Fiscalía y acusación particular reclaman penas de hasta tres años de cárcel para los sospechosos, con multas de 150.000 euros.

Las defensas, por su parte, creen que se trata de una causa nula ya que parte de la prueba que sirvió para realizar los registros en Verín, Ponferrada y Santander se obtuvo de conversaciones telefónicas que no estaban debidamente justificadas. A mayores, apelan a la aplicación en este caso de la atenuante muy cualificada de dilaciones indebidas, una demanda que podría dejar la condena en mínimos. La acusación particular replicó que los retrasos en el caso, que se señaló por primera vez en el 2023, no han sido culpa del juzgado.