Por qué se debe invertir en ciencia


La pandemia actual parece haber sensibilizado a la sociedad sobre la necesidad de invertir en ciencia. La investigación, el desarrollo y la innovación (conocidos habitualmente como I+D+i) son una parte esencial de la respuesta general que se debe dar a esta crisis derivada del coronavirus, y a buen seguro estos tres aspectos serán clave a la hora de seguir la recuperación de los países del planeta, tanto a nivel económico como también en el ámbito social.

Pero España, en este sentido, aún necesita mucha más inversión en I+D+i, tanto pública como de los sectores privados. Ocupamos el puesto número 14 dentro de los países que conforman la Unión Europea, con una inversión del 1,2 % del PIB. Ahí, estamos todavía por debajo de la media y muy lejos de países punteros como lo puede ser, por ejemplo, Alemania (3%). Debemos fortalecer la ciencia, aumentar la inversión en proyectos de investigación básica y aplicada, en infraestructuras, impulsar la capacidad de innovación de las empresas y, en particular, invertir en capital humano, uno de los grandes debes que hubo y hay. Porque seguimos siendo cortoplacistas para muchas cosas.

El progresivo envejecimiento de las plantillas sigue siendo uno de los problemas más graves con los que contamos en España. Y para compensarlo, sería necesario que se fomente la creación de más programas enfocados a la incorporación de investigadores, así como recuperar a los científicos españoles que están actualmente trabajando o sobreviviendo en el extranjero, y darles una oportunidad para que puedan estabilizarse y desarrollar todo su potencial aquí. Y todo esto, por cierto, debería realizarse con cierta urgencia, porque dar forma a grupos punteros en el ámbito de la ciencia suele llevar su tiempo. Además, es importante que en paralelo se aumente la financiación, pero que a su vez también se potencien los mecanismos marcados para la evaluación de la calidad de la investigación desarrollada y el nivel de cumplimiento de los objetivos cuando se culmina un proyecto. Todo ello, intentando minimizar el exceso de burocracia que sigue existiendo dentro de la Administración, y que puede ralentizar a menudo muchas actuaciones.

En definitiva, se trata de la conjunción de distintos factores, a menudo complementarios entre sí: relevancia, eficacia, eficiencia, impacto y sostenibilidad. Si queremos lograr que el país tenga una ciencia fuerte, puntera y que pueda llegar a ser una referencia en todo el mundo, es necesario además que exista una colaboración del sector público y del privado.

La realidad es que en España tenemos aún mucho margen de mejora, tanto en lo que atañe a la innovación dentro de nuestras empresas como en lo referente a la inversión privada y en esa posibilidad de incrementar la colaboración entre ambas esferas. Esa comunicación es totalmente necesaria para poder llevar, en la práctica, los avances que genere la ciencia en beneficio para la sociedad. Y entre muchos otros motivos, el más importante y quizá el más sencillo para explicar por qué debemos invertir en la ciencia sería el siguiente: para que también podamos salvarnos nosotros, porque prevenir suele ser siempre mucho más barato.

José Antonio Sobrino Nacido en Outomuro en el año 1961, es catedrático de Física de la Tierra e investigador en la Universidad de Valencia

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