Su padrino es su trabajo, su esfuerzo diario, su persistencia, su amor por lo que hacen. Ejemplos como el del restaurante Nova, que acaba de renovar su estrella Michelin, son precisamente eso, un ejemplo. En ese tipo de espejos es los que los ourensanos debemos mirarnos, no en los del amiguismo o en los del apellido o la afinidad que sirven de llave para abrir las puertas del «éxito», un éxito que en realidad al final solo conduce a la mediocridad.
Daniel Guzmán y Julio Sotomayor no han logrado el mayor reconocimiento que existe en su sector en base a prebendas. Ambos estudiaron en la escuela de hostelería de Vilamarín y se lo curraron sin descanso hasta lograr sus sueños. Y lo hicieron sin enchufes, sin atajos, con esfuerzo. Esa actitud tiene un mérito tremendo en una provincia que premia a diario la mediocridad con puestos de relevancia en la gestión de los intereses públicos.
La estrella Michelin del restaurante Nova es un soplo de aire fresco para Ourense. Demuestra que hay vida al margen de los poderes fácticos que parecen dominarlo todo. Si un joven ourensano, deprimido por la falta de expectativas para lograr un empleo digno en su tierra, piensa en emigrar, quizás al final decida quedarse al ver que Daniel Guzmán y Julio Sotomayor han encontrado la manera de llegar a la excelencia en su profesión con un negocio aquí. Puede que sea más rápido pasar por según que puertas (en las que hay que agacharse), pero el esfuerzo y la pasión también pueden conducir al éxito. Y sin irse a la emigración.