Forjando la vida con hierro

OURENSE

Edesio levantó el taller de forja Del Pont en O Barco de Valdeorras. Su hijo se unió siendo un adolescente y ahora es quien está al frente del negocio

29 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La de Edesio del Pont es una vida unida al mundo de la forja, oficio en el que se inició cuando tenía catorce años. Fue en Montefurado, con Ángel Mondelo, que ejerció como maestro durante un año, «pero que despois tivo que marchar para San Clodio por razóns familiares, deixándome a fragua ao cargo», recuerda. Tiempo después fue él quien marchó, a Ponferrada, «onde me deron un diploma que dicía que era apto para o traballo» después de catorce meses en una empresa del sector. Pero la tierra tiraba, así que regresó a Galicia. Su siguiente destino fue Talleres Meleiro, en O Barco, municipio en el que finalmente se instalaría y donde todavía reside.

Tras catorce años como asalariado, decidió dar el salto y convertirse en autónomo. ¿No le dio miedo? «Defendíame ben no traballo como para poñer un obradoiro, e o soldo era pequeno», rememora. De eso hace ya más de cuarenta años. Comenzó dedicado exclusivamente «ao tema agrícola, a facer arados, sobre todo», dice. «Vendín moitos arados, para toda Valdeorras, pero tamén para Bembibre, Pedrafita, Monforte... Era o que había», añade.

Después llegó el salto a la carpintería metálica. «O primeiro encargo foi de Julián Trincado, para o chalé que tiña no Chao. Fixen a cancela e de aí empezaron a chegar pedidos». El siguiente paso fue el de reparación de maquinaria de cantera, «pero pronto nos retiramos, porque empezaron a traballar iso outros obradoiros, e nós non tiñamos os medios, e ademais acababamos rebentados do traballo», interviene entonces su hijo Jesús, hoy en día al frente del negocio familiar.

La suya también ha sido una vida vinculada a la forja. Ya en su etapa como estudiante en el instituto comenzó a pasarse por el taller. «Daquela non tiña vocación, pero co tempo gustoume o de afrontar cousas distintas, o reto de non dicir non a ningún traballo». Y ahí sigue, al frente de una firma que a día de hoy cuenta con cinco trabajadores. «Eramos máis, pero houbo algunha xubilación, e tal e como están os tempos non se precisan máis». Además, añade, buscar personal no es fácil: «Non hai xente formada, así que a única maneira é que a xente aprenda con nós». Además, está la competencia de las piezas prefabricadas, procedentes de países como China o La India. «Son moi competitivos», confiesa Jesús. Y añade: «ás veces o material en bruto a nós cústanos o mesmo que traer a peza elaborada, porque claro, aí hai xente que traballa polo caldo, ou menos».

A la forja ornamental (también han colaborado con el artista local Xelo de Tremiñá en algunas de sus obras) es precisamente a lo que se dedica la empresa a día de hoy: cierres, barandillas y mobiliario son sus principales encargos, aunque todavía siguen recibiendo algún arado para reparar. «É un sector en decadencia, pero nós non rexeitamos ningún traballo, aínda que só sexa para un punto de soldadura, porque precisamente esa xente foi a que fixo que a empresa funcionara ao principio», explica Jesús.

¿Habrá continuidad? «En principio, non. Os meus fillos e os meus sobriños ven que isto non é a panacea, porque é un traballo manual que leva moitas horas...», remata.