Tomás González ha conseguido convertir el Santa Ángela en una marisquería de referencia en el oriente ourensano. No en vano, de casta le viene al galgo
06 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Tomás González nació en Biobra (Rubiá) pero como tantos otros ourensanos tuvo que buscarse la vida fuera de la provincia. Tras unos años emigrado en Cuba, con los ahorros que reunió decidió abrir un restaurante en Ferrol junto a su mujer Amelia González. Ella fue el verdadero motor de lo que empezó como tasca y acabó como uno de los más reputados restaurantes gallegos, el Casa Tomás. El linaje de hosteleros nació en Ferrol pero Valdeorras recuperó desde hace unos años a parte de la familia. El nieto del emigrante, Tomás González Martínez, recogió la tradición familiar y junto a sus padres -José Luis González y María de los Ángeles Martínez- creó el restaurante Santa Ángela de O Barco, claro referente para los amantes del marisco de la comarca.
El Casa Tomás de Ferrol llegó a ser uno de los restaurantes de mayor fama del país. Decenas de premios, entre los que estaba la Estrella Michelín, y las visitas de personajes de la familia real, de Camilo José Cela, de Fraga o de equipos de fútbol no hicieron más que alimentar su renombre. El poco tiempo que el restaurante dejaba a José Luis González lo utilizaba para viajar a O Barco. Allí se encontraba con la que más tarde sería su esposa, María de los Ángeles Martínez Puente. «Con 16 años ya éramos novietes y nos casamos a los veinte», recuerda ella.
María de los Ángeles dejó entonces su trabajo en el comercio que su familia regentaba en O Barco -Las tres BBB- y siguió a José Luis a Ferrol. Tras años de éxitos, Amelia, la abuela, murió y Casa Tomás desapareció con ella. Los habituales desacuerdos entre herederos de negocios familiares acabaron con el restaurante y sus caminos se separaron.
El más joven, Tomás González Martínez, cogió el toro por los cuernos y decidió volver a Valdeorras. Tras una temporada en el restaurante Os Pinos y en otros establecimientos, en el año 2005 decidió abrir un negocio en O Barco, el Santa Ángela. «La hostelería es algo que viví desde pequeño. Para mí era divertido estar desde los 15 años o incluso antes ayudando en la barra, en la cocina o fregando los platos», recuerda Tomás. Antes él era el que ayudaba y ahora son sus padres los que le echan una mano en el Santa Ángela.
Convivencia
Trabajar en familia tiene más ventajas que inconvenientes o al menos eso es lo que opina Tomás. «Los momentos de apuro son tensos pero se pasan al rato. No es como en los negocios que no son familiares, que a lo mejor esas discusiones las guardas y es peor», explica.
Su padre, José Luis, está de acuerdo. Trabajar ahora con su hijo y su mujer le hace feliz, pero el recuerdo de tiempos peores le hace matizar: «Cuando la familia es directa todo va bien, pero cuando hay mezclas se pueden torcer», dice. Por encima de todo, sin embargo, siempre estará su madre, doña Amelia. «Cuando veo en los programas de televisión a esos cocineros modernos me río porque ese tipo de cosas ya las hacía mi madre en los años sesenta», recuerda.
Dejar atrás Ferrol se hizo difícil para los padres porque allí quedaron sus otras dos hijas -una funcionaria municipal y otra enfermera- y sus dos únicas nietas. La vuelta a Valdeorras al menos sirvió para que María de los Ángeles se pusiera de nuevo frente de un comercio, el Gelines Family Company, de ropa infantil y juvenil, algo que confiesa que le encanta.
El restaurante, a pesar de una crisis que se ceba especialmente con Valdeorras y su pizarra, funciona. Además, Tomás planea un nuevo negocio que en poco tiempo darán mucho que hablar.