DIAGONAL | O |
16 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA APORTACION de José Luis Baltar a la teoría política está fuera de dudas. No es Monstesquieu, ni Carlos Marx, líbreme Dios, pero es un fenómeno. Un crack. Le quedan recursos, pero después de tantos años, sus aportaciones llenan de dudas al oyente, sobre todo si es un tipo receloso, desconfiado para las cosas del dinero y de la política, siempre juntas. Se armó una buena escandalera en Madrid con la espantá de los dos parlamentarios del PSOE y no se le ocurrió al personal mejor cosa que empezar a hablar de intereses inmobiliarios, especulación y no sé cuantas cosas más: pelas y corrupción, en fin. Tan serios y tan engolados todos. Les falta Baltar. Con lo bien que éste explica lo ocurrido en Porqueira, cómo les gustaría a los blancos, simancas, gallardones, zapateros y demás corte celestial, un baltar que les contase el sentido de la vida y las concesiones a los instintos más primarios. El movidón de Porqueira, si hemos de creerlo, fue una simple y llana putada, pero sin mala fe ni intereses dudosos. Qué va. Era como un chiste. Tocaba cerdada en algún sitio: cerdear , dijo. Y en verdad les salió una gran marranada. Pero maldita la gracia, oiga.