Estaba cantado, pero no tanto. Vox se ha instalado con fuerza en el ecosistema político español y todo lo que pase a partir de ahora debe contar con este escenario. Las elecciones de Aragón han sido la prueba del algodón de un hecho que está moviendo los marcos de lo que hasta hace apenas unos meses era el status quo de la política española. La ultraderecha no solo está presente, sino que tiene la fuerza suficiente como para marcar el paso de los demás.
España se está adentrando en un terreno ignoto al que tenemos que acostumbrarnos nos guste o no. Porque hoy en día hay millones de españoles que compran la mercancía que les vende Abascal. O, quizá, adquieren un producto por despecho a todos los demás partidos. En Aragón las cifras fueron elocuentes. No solo dobló el número de diputados, al pasar de siete a catorce, sino que su subida en votos fue extraordinaria: de 75.000 en el 2023 a 117.000 el pasado domingo. La tendencia es evidente. El PP se estanca o retrocede, el PSOE se hunde y Vox crece y crece.
¿Y qué consecuencias tiene esta novedosa situación? En realidad ya se vienen anunciando desde hace tiempo. En el discurso político se han introducido conceptos como la invasión, Gobierno criminal, recentralización, soberanía nacional frente al europeísmo, control de fronteras, defensa de la tauromaquia, aborto, exaltación de la familia, desprecio a lo LGTBI... Asuntos que hasta ahora eran irreconciliables con el ideario de una gran parte de la población de este país, pero que hoy en día son avalados por millones de electores que depositan su confianza en un partido que recoge el voto protesta de muchos españoles que o bien están hartos porque tienen problemas (vivienda y salarios precarios, principalmente) o bien se han cansado del discurso woke de la izquierda española.
En los comicios del 2023, más de tres millones de personas introdujeron en las urnas la papeleta de Vox. Ahora mismo y viendo la tendencia dominante, esta cifra crecería exponencialmente. Es decir, una parte significativa del pueblo español está aplaudiendo los postulados extremos del partido de Abascal.
Esto quiere decir que los dos grandes partidos de España tendrán que cambiar sus estrategias. El PP se ha estancado y empieza a temer que incluso pierda votos en favor de su rival en la derecha. La pujanza de Vox está llevando a Feijoo a defender cuestiones que hace no demasiado estaban superadas. Casi con toda seguridad, los populares se escorarán más aún a la derecha y asumirán argumentos de su adversario para recuperar a aquellos votantes que piensan que el líder del partido más votado de España se está comportando con cierta tibieza en determinados asuntos. Feijoo lo tiene difícil y sabe que debe prepararse para liderar un futuro Gobierno con la inquietante y radical compañía de un partido que hace una enmienda a la totalidad de la actual sociedad española.
Y mientras, el PSOE sigue su descomposición, cargando con la responsabilidad de haber sido quien más alimentó a la fiera. En definitiva, este es el nuevo e inquietante escenario, con Vox como gran protagonista.