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Acento gallego

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Banijay Iberia

11 oct 2021 . Actualizado a las 12:17 h.

Sobre el escenario, una señora vestida como si fuese a bailar una muiñeira en Luar. Es catalana. Habla en español. Pero con acento gallego. Los espectadores se mueren de risa. Nadie se ofende. Es un teatro en Galicia. El Rosalía de A Coruña, para más inri. En el 2019. Sobre las tablas, la compañía La Cubana representa la obra Adiós Arturo. Es un funeral loco de un coruñés de pro. Hay coronas de Fran, de los empleados de Inditex y de la diputación. Los Amigos del Ascensor del Monte De San Pedro están presentes. El acento gallego es un guiño más. Pero para usarlo con humor, hay que tener mucho talento.

No ocurrió lo mismo en MasterChef. Aquí llegó esa imitación de los jueces con olor a naftalina, sin gracia ni oportunidad. Sucedió, en fin, lo que no suele pasar con otras lenguas. El gallego, pese a su historia y su literatura, es presa fácil del mal gusto. En la oscuridad sobrevivió entre los humildes. A mucha honra. Pero ese precio se sigue pagando. En el programa mencionado, por ejemplo, no se hacen esos chascarrillos con el catalán cuando graban en la otra esquina. Por si fuera poco, Jordi Cruz se excusó expresando en un vídeo su respeto por los dialectos. Respeto es tomarse la molestia de trabajarse un acento para el drama, como el inmenso Javier Bardem en Mar adentro o Enric Auquer en Quien a hierro mata. Pasotismo es que un personaje ourensano hable como si fuera de Chamberí porque se supone que ha viajado, como se pudo comprobar en una serie española. Y genialidad es lograr que se tronchen cientos de gallegos, como La Cubana. Lo otro es un despropósito, pero siguen incluyéndolo en nuestro menú.