El fenómeno astronómico de nuestras vidas ha dejado cientos de experiencias diferentes a lo largo y ancho de la comunidad. Desde quien tuvo que verla en la sala de espera de un hospital a quienes lo hicieron en una pantalla gigante para ver qué se escondía tras las nubes
24 ago 2026 . Actualizado a las 18:25 h.La Luna y el Sol que este miércoles se alinearon en el firmamento para sumir a Galicia en la oscuridad fueron los mismos astros para todo el mundo. Pero por cada persona que se paró a contemplar el eclipse, por cada una que acudió a un lugar concreto a disfrutarlo sola o en compañía de otras personas que compartían su misma curiosidad, por cada una que lo ha vivido de la única forma que las circunstancias le han permitido hay una historia diferente. Las hay de quienes lo vieron desde una sala de espera de hospital con vistas privilegiadas a la ría, de quienes tuvieron que conformarse con una pantalla gigante para ver qué se escondía tras las nubes, de quienes subieron en telesilla hasta la cima de una montaña o se agolparon sobre una muralla romana; de científicos llegados de medio mundo y de turistas que cruzaron océanos solo por este instante. Cada una de esas miradas cuenta su propia versión de un mismo minuto de noche.
en el Hospital de Montecelo, Pontevedra
Convalecencia hospitalaria con vistas privilegiadas al fenómeno
S. BARRAL
Situado en la ladera de un monte en la parroquia pontevedresa de Mourente, el Hospital Montecelo tiene su fachada principal orientada hacia el suroeste, lo que ofrece desde las habitaciones y desde las salas de espera unas privilegiadas vistas sobre la ciudad de Pontevedra y la ría del mismo nombre. Esto hizo del edificio sanitario una plataforma idónea para contemplar el eclipse de sol, que en el área de Pontevedra alcanzaba un 99,58 % de ocultación, y que durante la hora que duró el fenómeno astronómico fue perfectamente visible.
La séptima planta del Hospital, la más elevada, acoge la Unidad del Sueño, Urología, Neumología... pocas veces la sala de espera estuvo tan concurrida como este miércoles. A la hora de máxima ocultación del sol —en Pontevedra llego a ser del 99,58 %— se congregaron en este espacio cerca de una veintena de personas entre pacientes, acompañantes, personal del Sergas... Casi todos pertrechados de gafas homologadas, o compartiéndolas para ir turnándose en la observación. «Ya que tenemos que estar en el hospital, al menos disfrutamos de este espectáculo con unas buenas vistas», apuntaba una paciente que se ajustaba las gafas para ver el eclipse.
También el laboratorio 24 horas, en la primera planta, tiene ventanas en esa misma fachada. Durante el eclipse, los trabajadores de guardia también disfrutaron de un espectáculo único.
en As Catedrais, Ribadeo
El eclipse en una pantalla
YOLANDA GARCÍA
Mientras A Mariña occidental disfrutó contemplando desde playas, paseos y otros lugares el eclipse solar, en la zona central y oriental de la comarca las nubes impidieron gozar al 100 % del espectáculo. En el entorno de la playa de As Catedrais, en Ribadeo, el lugar donde el eclipse duró 1 minuto y 49 segundos, el público concentrado tuvo que conformarse con contemplar el fenómeno a través de una pantalla gigante en la que se retransmitió una conexión especial con Lalín. Hubo a quienes no pareció importarles que el cielo estuviera cubierto. Andry, Anna, Alexandra y Mike, de Canadá, reconocían: «Todo es importante, puedes estar aquí por el eclipse y, aunque no se vea, el lugar sigue siendo agradable».
El cantante Francisco, que se desplazó desde Valencia a Ribadeo para participar en la gala posterior, Eclipse Fest, confesaba sobre las 19 horas: «Veo el panorama muy gris. Me hubiese gustado verlo. Además, ¡yo no voy a vivir para el próximo!». A pesar de la situación, se manifestaba optimista: «Aquí lo más importante es la reunión de la gente, que disfrute de este evento que es único». «Estamos de vacaciones por la zona y elegimos As Catedrais para hacer la foto», manifestaba el catalán Javier Arimany, pertrechado con un completo equipo fotográfico ante el reto de fotografiar su primer eclipse. Le acompañaban su pareja Cristina Molina y su hijo Nil: «El objetivo es pasar una tarde aquí y hacer una foto, y si no se hace, veremos como oscurece y vuelve a amanecer el día en un minuto».
en ESTACA DE BARES, EN EL PUNTO MÁS SEPTENTRIONAL DE LA PENÍNSULA
«Como la final del Mundial»
ANA F. CUBA
El faro de Estaca de Bares ya se erigía sobre la meseta de Ventureiro, a casi cien metros sobre el nivel del mar, en 1912, y es de esperar que siga en pie en 2180, cuando se producirá el próximo eclipse solar total visible desde la Península. Ayer, en el punto más septentrional de la Vieja Iberia, donde se mezclan las aguas del Cantábrico y el Atlántico, centenares de personas, muchos extranjeros, se sumieron en las tinieblas durante algo menos de dos minutos. El miércoles que muchos recordarán mientras vivan amaneció nublado y el cielo encapotado —«después de tantos días de sol, tenía que ser hoy», se quejaban por la mañana los turistas— presagiaba una tarde calurosa y cada vez más despejada. El guion se cumplió. Las autocaravanas y las furgonetas que ya habían pernoctado en las inmediaciones del faro no se movieron, los coches invadieron cunetas y fincas, y los figurantes de esta película que lleva meses gestándose desfilaron camino arriba, hacia la punta de Estaca de Bares, con el paso cortado por personal municipal por precaución. Los pájaros alertaron de un crepúsculo prematuro que no logró interrumpir la sinfonía de los grillos, que se hacían oír a unos metros del bullicio. Cuando se hizo de noche hubo silencio y luego aplausos y abrazos. «Como la final del Mundial», resumía Joan por teléfono cuando volvió la luz. Y Luke, un joven que viajó de Orlando, en Estados Unidos, a Bares para observar este prodigio, con cámaras de fotos y vídeos, pero sin gafas (consiguió unas de milagro), lo clavó: «Magnífico».
en la ESTACIÓN DE MONTAÑA DE MANZANEDA
En vilo tras subir en telesilla a la cima de la montaña a 1.770 metros
U. CARRERA
El eclipse total se podía haber sentido como un hito histórico mayor en la estación de montaña de Manzaneda. Una nube mantuvo en vilo hasta el último segundo a las miles de personas que escogieron la cima del centro de esquí para observar el fenómeno. Se hizo la noche y el anillo de diamante se dejó entrever en un fortuito hueco entre las nubes durante los 31 segundos. Asombros, gritos y aplausos convivieron con una ligera decepción. «Esperábamos más», decían dos vecinos del municipio. A 1.770 metros de altitud en el Macizo Central, el de Manzaneda es uno de los cielos más cotizados de Galicia, en busca de ser destino Starlight. La estación de esquí, la única de la comunidad, se volcó en preparar todo para la jornada. Habilitó los telesillas, donde cada invierno se lanzan los esquiadores, para subir desde las propias instalaciones al punto más alto, 200 metros más arriba. El albergue agotó sus 310 plazas. Hubo quien se trasladó desde la costa gallega, prefiriendo un lugar menos masificado. Dos familias de Bueu se movilizaron con cuatro niños y un perro para ver el eclipse en un lugar libre de contaminación lumínica. y, como iba a ser en un principio, despejado. La estación de esquí atrajo a gente desde Barcelona, Portugal y muchos retornados de toda España. El eclipse dejó paso a un atardecer único desde la montaña y a una noche de perseidas, que retuvo numerosos espectadores.
En la muralla de Lugo
Turistas y cámaras llenan el histórico monumento
ANDRÉS QUINTIÁN
Sobre las siete menos cuarto de la tarde, la seguridad que custodiaba la muralla romana de Lugo abrió el acceso a cientos de curiosos preparados para vivir un fenómeno único en nuestro tiempo. En el monumento, la inmensa mayoría de los presentes procedían de otros lugares del mundo. «Hemos venido desde Australia», relataba Grahame, que junto a su mujer Debby recorrió medio mundo para presenciar el eclipse desde la ciudad. También tuvieron gran protagonismo las cámaras y los inmensos teleobjetivos que decenas de personas cargaron consigo para capturar una instantánea del momento.
En la praia da Madalena, Cabanas
Físicos entre bañistas en el corazón de la ría de Ares
LOIS BALADO
En la playa de Cabanas se juntó una escena atípica. Los bañistas compartieron espacio con unos ochenta físicos solares, que desembarcaron en el concello eumés procedentes del congreso Solar MHD, celebrado en A Coruña. De aspecto claramente foráneo, llamaban la atención. También por sus charlas en inglés. Venidos de países como China, Egipto, Polonia o Estados Unidos, tuvieron buen ojo para elegir el lugar. Minutos antes, los nervios se notaban, pero cuando la luna cubrió el sol, la multitud estalló en un aplauso que, aunque esperado, también fue espontáneo ante lo sobrecogedor del momento.
EN UN CRUCERO EN A CORUÑA
Una observación histórica en la ventana del Atlántico
YAGO GANTES
El mar como un plato, sin contaminación lumínica y con el cielo despejado. Así vivieron el eclipse los más de 11.000 turistas que visitaron ayer A Coruña a bordo de cinco cruceros. Una quíntuple escala que finalizó con el espectáculo astronómico desde alta mar. El último de los buques abandonó el puerto a las 18.30 horas.El itinerario, fondear a pocas millas de la ciudad para observar el fenómeno desde una ubicación privilegiada. Y así fue. Una cita para el recuerdo que se completó con charlas científicas, sesiones de música con disc-jockey al aire libre y un sentido homenaje a Bonnie Tyler.
En la playa de Samil, Vigo
Por un instante Samil dejó de mirar al mar
MÓNICA TORRES
Samil rompió en aplausos a las 20.30 en punto, cuando la Luna ocultó el 99,36 % del Sol. Para entonces, el mar había perdido todas las miradas. Desde las 20.08, mientras refrescaba y la luz menguaba, miles de ojos se dirigieron hacia el horizonte de la ría y una puesta de sol que el propio Einstein calificó de «incomparable» tras conocer Vigo. Entre ellos, los de Loli Morgade y José Leirós, que repetían 27 años y un día después la experiencia vivida en Francia. Y los que durante horas se asomaron al telescopio de Fernando Gutiérrez, fotógrafo jubilado y «aficionado» a la astronomía.
En el casco histórico de Santiago
Quietud en el Obradoiro y aplausos en la Alameda
EMMA ARAÚJO
Como si fuesen dos ciudades distintas dependiendo del punto de observación, Santiago vivió su 99,99 % de eclipse con la misma diferencia entre la luz y la oscuridad. Mientras el mirador del campus en la Alameda se llenaba de curiosos, en su mayoría turistas que aplaudieron en varias ocasiones, la quietud predominó en el Obradoiro, con más turistas que peregrinos, encantados con la idea de disfrutar de la ciudad en un día tan especial. Lo gozaron especialmente las quince personas con entrada para ver las cubiertas de la catedral y que observaron el inicio del eclipse desde la torre de la carraca.
Con una copa de vino en Cambados
Una terraza, albariño y la cocina en directo de Bacelo
M. ALFONSO
La terraza de Bodegas Martin Códax se convirtió ayer en un lugar privilegiado para disfrutar del eclipse. Allí se pudo comprobar como la luz iba cambiando a medida que la luna se iba poniendo delante del sol. Y, mientras sonaba un saxo en directo, los asistentes disfrutaron de una cata maridaje entre los vinos de esta bodega y las elaboraciones del restaurante Bacelo, de Ferrol. A solo unos metros, en el mirador de la bodega, se organizó un evento alrededor de Alma Atlántica, en el que también se pudo contemplar el eclipse mientras se degustaban espumosos y sangrías con un tentempié.