Arturo se va por la puerta grande

La Cubana representa en A Coruña y en Vigo «Adiós Arturo», obra que convierte un funeral en una fiesta y muta en cada ciudad para incorporar la salsa y los chascarrillos locales

El féretro de Arturo preside el escenario, por el que desfilan personajes claves en la vida del finado
El féretro de Arturo preside el escenario, por el que desfilan personajes claves en la vida del finado

redacción / la voz

Como todo el mundo sabe, Arturo Cirera Mompou nació en A Coruña. El escritor, compositor, filántropo, coleccionista de arte y bon vivant acaba de fallecer en Barcelona. Tenía 101 años y marcó un antes y un después en la cultura occidental. Vivió también en Valencia y en Suiza. Pero, por expreso deseo de don Arturo, el funeral se oficia (o más bien se celebra) estos días (y hasta el domingo 22 de septiembre) en el teatro Rosalía de Castro.

El féretro está en el centro del escenario. El público, personas que conocían perfectamente a Arturo (¿quién no?) van ocupando sus butacas entre coronas de flores: «Marta y Torretta», «Fran», «Xunta de Galicia», «Casa Real», «Casa de Alba», «Pipi Estrada», «Deputación da Coruña»... El difunto, acérrimo defensor del carpe diem, pidió que su despedida se convirtiera en un canto a la vida, en un festival en el que lo de menos fuera la muerte. Y a la familia no le quedó más remedio que contratar a La Cubana para organizar estas pompas tan poco fúnebres.

En España enterramos muy bien. Pero es justo decir que La Cubana entierra como nadie. Pocos minutos después del arranque la función, actores y espectadores cantan con sentimiento innegable la habanera Coruña del alma mía. Solo un aperitivo para pasar al Pousa, pousa y entonar el Vivir na Coruña que bonito é. Todo ante la presencia del loro Ernesto, que preside el acto porque ha sido el compañero infatigable de don Arturo durante los últimos cuarenta años.

Desfilan ante el ataúd, entre otros, una diva del bel canto, la vecina de toda la vida, una estríper decrépita, una cantante mexicana agonizante, una reina del son cubano cegata, un bailarín escocés, un chófer marroquí y un notario encargado de leer el testamento del finado. El huracán de risas, llantos y actuaciones musicales golpea con fuerza el patio de butacas, donde todos tienen su papel y cualquier cosa parece posible. Con la dinamita surrealista de La Cubana, saltan por los aires las convenciones y los tópicos del luto y el velatorio. El ejercicio camaleónico es doble y también doblemente efectivo. Los actores son Jaume Baucis, Xavi Tena, Toni Torres, Nuria Benet, Alex González, Babeth Ripoll, Montse Amat, Toni Sans, Edu Ferrés y Virginia Melgar. Se multiplican en mil personajes en cada función y en una trepidante carrera de obstáculos.

Pero también moldean las exequias en cada ciudad a la que acuden para rebañar los chascarrillos locales, la salsa que le da un gusto inconfundible a todo el potaje. No es un simple guiño, es un estribillo. En A Coruña se baila muiñeira, se mezclan el gallego con el castellano y se heredan fincas en Paiosaco. Aquí los empleados de Inditex envían flores al difunto y los Amigos del Ascensor de San Pedro muestran sus condolencias. Teatro vivo, sin contemplaciones. Una despedida a lo grande para ese tipo legendario e irrepetible que, más que un hombre, es un compendio, y que el público acaba sintiendo como su compadre.

Como todo el mundo sabe, Arturo Cirera Mompou nació en Vigo. Por expreso deseo de don Arturo, el funeral se celebrará del 26 al 29 de este mes en el vigués teatro Afundación.

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