La barca de Amador

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

Javier Guitián

La Voz publicaba un interesante artículo de Francisco Albo que hacía referencia al «Plan piloto de recuperación de las tradicionales barcas de paso fluviales» que promueve el consorcio de A Ribeira Sacra. Según los datos, hasta una docena de embarcaciones facilitaron el paso de personas y mercancías, hasta mediados del siglo pasado, entre las dos orillas del sistema Sil-Miño en ese territorio.

Las barcas cumplían funciones económicas y sociales, además de esparcimiento. Eran importantes en el transporte de mercancías entre las orillas y facilitaban el contacto social. Los vecinos las utilizaban para transportar uvas, castañas, patatas..., o asistir a ferias, fiestas o entierros. Pues bien, a finales de la década de los setenta, en uno de nuestros primeros periplos veraniegos que todavía mantenemos, caminamos desde Puebla de Sanabria a O Courel, subiendo el cauce del río Tera, y pasando por Pena Trevinca, Castroquilame, Las Médulas y Carucedo, hasta llegar a La Barosa, atravesando los túneles de la nacional 120 todavía en construcción.

Desde el pueblo descendimos a una vega y vimos que el caudal del río no permitía atravesarlo. Allí preguntamos si había alguna manera de cruzar a la otra orilla y se nos indicó que nos acercáramos hasta el cauce y frente a la aldea de Cancela gritáramos fuerte «Amador», el barquero. Así lo hicimos y en pocos minutos apareció un hombre que se desplazó en barca hasta nosotros. En dos viajes nos trasladó a todos con nuestras mochilas hasta la otra orilla por cinco pesetas, y desde allí pudimos continuar nuestro periplo hacia Santo Tirso de Cabarcos, Oencia y, finalmente, O Courel.

La barca de Amador era una embarcación de las denominadas «barcas do Sil». Con fondo plano y planta rectangular un poco más estrecha en la delantera, se levantaba en ángulo obtuso en el frente para facilitar la navegación. Probablemente, la embarcación pertenecía a la denominada «variante de Covas» propia de la comarca de Valdeorras. La construcción de puentes y embalses acabó con la profesión de barquero y fue más o menos en torno a finales de los años setenta cuando las barcas fluviales dejaron de prestar servicio con regularidad.