Fin de la alarma, no del peligro

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Ricardo Rubio

08 may 2021 . Actualizado a las 10:11 h.

Esta noche, a las 12, termina el estado de alarma. En ausencia de su cobertura jurídica, las comunidades autónomas han adoptado sus decisiones con todas las variedades posibles: mantenimiento o dulcificación del toque de queda, mayor libertad de apertura de bares y restaurantes y otras medidas. Lo más delicado es el confinamiento territorial, que atenta contra la libertad de movimientos. En general, se puede decir que toda España respira aliviada, aunque no sepa qué hace su vecino territorial. Es la primera vez que sentimos algo de libertad, acompañada, además, por los buenos indicadores de contagios. Pero la gente sigue muriendo de coronavirus.

Ante la nueva situación, este cronista pide tres cosas, casi como tres oraciones: que la vía judicial que se abre para suplir la cobertura jurídica del estado de alarma no tenga que ser muy utilizada; que no haya ninguna oleada nueva y que seamos capaces de mantener la responsabilidad. Me explico:

Pido que no haya que usar la vía judicial, porque ni el más perverso gobernante pudo imaginar un trámite más enrevesado. Si un gobierno autónomo se ve obligado a adoptar una decisión de dudosa legalidad, está obligado a ver cómo recorre seis tramos de una auténtica carrera de obstáculos; 1) Adopción de la medida por el Consejo de Gobierno. 2) Pase por el Tribunal Superior de Justicia. 3) En caso de desacuerdo, recurso al Supremo. 4) Remisión a la Fiscalía para informe. 4) Comunicación a las partes para alegaciones. 5) Envío a la Sala que corresponda para resolución. Y 6) Debate final y sentencia. Lo que con estado de alarma se podía resolver en una sesión de trabajo, con el nuevo método tardará quince días: el arte de complicar las cosas. Y encima, con serias críticas, incluso de orden constitucional, del Tribunal Supremo y con serias dudas de uso de la Justicia para decisiones que competen al poder Ejecutivo.

Pido que no haya ninguna nueva oleada, porque el peligro es evidente. Se nos dijo que no se conseguiría la inmunidad de grupo hasta vacunar al 70 por ciento de la población. Ahora mismo estamos en algo más del 12 por ciento. Haga usted la fácil cuenta de lo que falta para llegar a la situación. Me parece poco responsable crear una falsa sensación de superación del peligro. No costaba nada esperar un poco más, sobre todo cuando hay una variante nueva y poco conocida, que es la india, y cada día se demuestra que puede haber un «paciente cero» que dé origen a una nueva ola de infectados. No se ponen puertas al campo de los contagios. Lo sabemos muy bien después de catorce meses de sufrimiento.

Y apelo a la responsabilidad de cada uno de nosotros por esto mismo que acabo de escribir. Mientras no termine la peste, el virus sigue ahí. Y ataca. Ataca incluso a vacunados. Hagamos cada uno en nuestra vida lo que la autoridad sanitaria nacional no ha demostrado saber hacer.