¿Qué pasará con los bancos en el 2021?

Antonio Carrascosa LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

JAVIER BARBANCHO

17 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El principal reto que tiene la banca española desde hace años es su rentabilidad, que es el resultado de unos tipos de interés muy bajos, de unos costes estructurales relativamente altos y de algunas disfuncionalidades en su modelo de negocio (con impacto en sus ingresos). Este reto estructural se ha agudizado con el previsible aumento de la morosidad como consecuencia de la pandemia. A medida que la duración de esta es mayor, la probabilidad de impagos es mayor. La reacción lógica de la banca es dotar más provisiones, lo que deteriora su cuenta de resultados. Las medidas recientemente aprobadas sobre ayudas directas a empresas pueden mitigar este riesgo, pero probablemente su importe no sea suficiente.

En este contexto, las fusiones han sido instrumentos eficaces para intentar mejorar la rentabilidad bancaria. ¿Por qué se están registrando solo fusiones nacionales? Porque al haber mayor redundancia de sucursales y servicios centrales, se genera un mayor ahorro de costes (mayor eficiencia). Dado el número de entidades de crédito en España, no parece que haya margen para muchas más fusiones. Entre las entidades mayores, una vez culminada la fusión entre Caixa y Bankia y tras la apuesta de Sabadell por mantenerse en solitario, no se esperan más operaciones a corto plazo. Entre la banca mediana, tras la fusión entre Unicaja y Liberbank, tampoco hay muchas posibilidades de fusión. Abanca, líder sólido en Galicia, ha realizado algunas adquisiciones y ha dado a entender que podría estar interesado en alguna fusión, pero como entidad absorbente.

Las fusiones han generado un debate sobre sus efectos sobre la competencia. En principio, un menor grado de competencia puede encarecer el precio de los servicios prestados por los bancos. Hay herramientas analíticas (por ejemplo, el índice Herfindahl-Hirschman) que, aplicadas a los operadores tradicionales del sector, los bancos, muestran un elevado grado de concentración sectorial en España, lo que podría ser preocupante. La realidad, no obstante, es diferente, ya que el sector está sufriendo profundos cambios por el lado de la oferta de servicios con un elevado número de nuevos competidores en servicios de pagos, crédito al consumo y crédito corporativo.