A unos días del aniversario de la declaración de pandemia por la OMS, aquel fatídico 11 de marzo de 2020, quiero subrayar que el maldito covid-19 se ha llevado ya más de 2.600.000 vidas en todo el mundo. En España, según el Ministerio de Sanidad, la cifra supera los 70.000 muertos, pero según el INE podrían ser 100.000, lo que nos situaría como el peor país de la Unión Europea y sexto del mundo, solo por detrás de EE.UU., Brasil, México, India y Reino Unido.

Hemos oído muchas excusas para justificar la catástrofe, como que nadie lo había visto venir y que la culpa es de la OMS por no declarar antes la pandemia. Estas excusas, entre la falsedad y la media verdad, no resisten un mínimo análisis. El 30 de enero del 2020, la OMS declaró la emergencia internacional por covid-19, con riesgo global alto, pero el ministro de Sanidad decía que «no hay que caer en falsos alarmismos». El 12 de febrero, la OMS advirtió de una «pandemia devastadora» pero el responsable de emergencias sanitarias, Fernando Simón, decía que el riesgo para España era «muy, muy bajo». A los cuatro días expresaba, con una sonrisa, su «sorpresa por el exceso de preocupación por el coronavirus». El 24 de febrero, la OMS exigió a todos los países que hiciesen «todo lo posible para prepararse para una pandemia», pero el presidente del Gobierno afirmaba que nuestro sistema sanitario era «extraordinariamente sobresaliente para este tipo de crisis».

Se despreciaron todas las señales de alarma de la OMS y no se adoptaron ni las medidas más elementales de distanciamiento social hasta el 9 de marzo, permitiendo manifestaciones, mítines, conciertos y partidos de fútbol. Tampoco hicieron caso a las recomendaciones de protección de sanitarios, test, mascarillas, rastreadores, controles de fronteras, o de confinamientos solo como último recurso. El mismo día que la OMS declaraba la pandemia, Simón decía que «no se pueden tomar medidas en situaciones en las que no es necesario tomarlas». El estado de alarma aún tardaría cinco días en aplicarse, cuando ya había 9151 casos y 309 muertos.

Según la Universidad de Oxford, España es el segundo país con las medidas más restrictivas de los seis con más víctimas. Tras un año de pandemia, estamos en lo más alto en pérdida de vidas y en pérdida de libertades. La gestión política de la pandemia es infame, pero la responsabilidad social también es lamentable, y todavía hay que piensa en manifestaciones o en la semana santa. Como dirían nuestros mayores -las mayores víctimas-, ¡mala chispa nos coma!

Por Jorge Quindimil Profesor de Derecho Internacional en la Universidad de A Coruña

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Un año de infamia