Por favor, difunde y comparte


El móvil hizo un ruido breve, de esos diseñados para captar la atención. Era un mensaje en un grupo de WhatsApp. Aparecía la foto de un niño con mascarilla y un mensaje aparentemente bienintencionado bajo el epígrafe «Firma la petición, vuelta a las aulas voluntaria y segura». Estaba bien construido. Lo tenía casi todo para provocar una avalancha de adhesiones de personas de diferentes adscripciones ideológicas y grupos de edad, y tuvo relativo éxito, pero escondía una trampa. Promovía algo que es ilegal en España y en buena parte de los países europeos: que los padres decidan por su cuenta si llevan o no a sus hijos al colegio.

Con la incidencia actual del coronavirus y con lo que pasamos en primavera, parece sensato sostener que se podría haber planificado mejor la vuelta al cole. Por parte de todas las administraciones e instituciones que tienen algo que decir, proveer y disponer en este asunto. Hay mucha incertidumbre. Pero eso no avala que nos olvidemos de todos los valores y beneficios que aporta la enseñanza presencial. Y menos aún que, como ciudadanos que pasamos cada día varias horas usando programas de mensajería y redes sociales, aún no hayamos aprendido a discriminar y a desconfiar de cualquier texto, audio, imagen o vídeo que tengan como encabezado un «difunde y comparte».

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