Minuto y resultado


Se hizo muy popular esta frase referida al minuto de juego y al resultado de los partidos de la liga de fútbol. Se convirtió en un programa radiofónico que condujo en su inicio el periodista deportivo Patxi Alonso. Con el paso del tiempo se aplicó a situaciones extra deportivas y se hizo coloquial. Hoy la uso para referirme a la sobreexposición, a la híper información mediática que acerca del covid-19, recibimos en nuestros hogares, en los informativos de las televisiones, y que trasciende, inundando, las conversaciones cotidianas.

Deambulamos por el atlas mundial de la pandemia desde el miedo asumido hasta el pánico irracional, desde la ansiedad más o menos llevadera a la histeria incontrolable. Nos hemos convertido inicialmente en policías de balcón hasta transformarnos en agentes secretos de terraza.

El virus no llegó a nuestras vidas; nuestras vidas son hoy por hoy una radiografía global de la pandemia trazando mapas de brotes y rebrotes, de contagiados y asintomáticos, de hospitalizados e ingresados en las UVI. Es una obsesión reiterada donde no tenemos otro argumento que la incertidumbre.

Y al otro lado irrumpen con más fuerza cada día los por ahora «comandos» negacionistas que enarbolan la bandera de la conspiranoia y los bulos que difunden y lideran «científicos» tan acreditados como Miguel Bosé y Ouka Lele. Cosas veredes.

Entre falabaratos y comunicados de la OMS, está la tragedia de las decenas de miles de muertos que ha provocado y sigue provocando el coronavirus.

No ha habido tregua. Tal vez el mayor control de la pandemia haya sido un espejismo, que nos ha cogido con idéntica indefensión que en el mes de marzo.

El comportamiento local nos puso a la cabeza mundial de contagiados, los países de nuestro entorno nos declararon apestados, acaso porque nuestros datos eran menos opacos que los que ellos nos ofrecían. Nuestro minuto y resultado ha sido terrible, mientras yo dudo de la información que suministran las autoridades sanitarias italianas y miro de reojo los datos de Portugal, país que mañana domingo acoge, quizás con publico en el estadio, la final de la Champions League.

No sé, estamos saturados. No podemos recibir mas información en tiempo real de la epidemia y sus estragos, hay que dilatar el minuto y resultado hasta que estemos a punto de finalizar el partido. No hay que mirar para otro lado, pero es peor mirar siempre para el mismo.

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