El PP debe superar ya el duelo y la ira


Aseguran los psicólogos que cualquiera que experimente una pérdida traumática atraviesa un período de duelo con cinco fases que es preciso superar para recuperar la estabilidad y volver a ser el mismo. Según el modelo presentado por la psiquiatra suiza afincada en EE.UU. Elisabeth Kübler-Ross, las etapas de ese duelo son primero la negación, luego la ira, después la negociación, más tarde la depresión y solo finalmente, una vez superada esta, la aceptación. Es indiscutible que para el PP el perder el Gobierno en junio del 2018 mediante una moción de censura cuando estaba convencido de tener amarrada la gobernabilidad hasta el fin de la legislatura, y el ver como Sánchez se hacía con la presidencia disponiendo solo de 84 diputados, fue una experiencia traumática que no ha superado.

Ese duelo, que se hace ya largo, es el que le ha llevado a cometer graves errores políticos. Cuando Pedro Sánchez llegó al poder, el nuevo líder popular, Pablo Casado, entró en la fase de negación. Parecía incapaz de aceptar lo que acababa de ocurrir y se limitaba a mostrar un absurdo optimismo. «Me siento bien, esto no me puede estar pasando. No a mí». Así se resumiría su actitud y su injustificado convencimiento de que aquel Gobierno Frankenstein duraría pocos días y el PP recuperaría pronto el poder. Pero, tras constatar que Sánchez se afianzó y ganó luego dos elecciones generales, pasó a la fase de la ira. «¡No es justo!», «¡No es legitimo!» «¡No puede pasar esto!».

Esa fase, en la que parece seguir tras un breve período de calma, llevó al PP a los 66 escaños y a seguir hoy muy por debajo de los cien. Cegado por la ira, Casado cometió el error catastrófico de no plantear tras las últimas elecciones un Gobierno de coalición con el PSOE. Sánchez jamás lo hubiera aceptado, pero el PP habría demostrado que hizo todo lo posible para impedir que Unidas Podemos llegara al Ejecutivo y que el futuro de España quedara en manos del secesionismo. Y habría evidenciado que Sánchez pactó voluntariamente con el independentismo, no por falta de alternativa.

Investido Sánchez con apoyo de Iglesias, Junqueras y Otegi, es previsible que el PP entre pronto en la fase de la negociación, que según los psiquiatras es breve y se caracteriza por enfocarse en lo que se pudo hacer y no se hizo. «Si hubiera actuado de otra manera esto no habría pasado». Pero el siguiente período, quizá el más peligroso, será el de la depresión, cuando compruebe que no hay posibilidad de derribar a Sánchez en una moción de censura y que solo los independentistas pueden acabar con él. Solo cuando el PP llegue a la última fase, la de la aceptación, podrá dejar de mirarse el ombligo, pensar más en España que en sí mismo, alejarse de Vox y plantear propuestas realistas y propias en el Parlamento en lugar de aguardar solo como espectador airado a la posibilidad de que Iglesias, Puigdemont, Torra y Junqueras logren su propósito de convertir a Sánchez en aliado de su proyecto de destruir el modelo de Estado surgido de la Transición.

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