Greta, entre nosotros


El gran problema de las democracias y sus fuerzas políticas (también de las sociales, incluso de las religiosas) es cómo se fabrica un líder. Se han escrito cientos de tratados. Se han gastado miles de millones en investigaciones. Y al final se puede llegar a una conclusión: el líder nace, no se hace. Como mucho, aparece y se consolida por una serie de circunstancias que no se pueden programar. Entre ellas, el toque de la fortuna. Pablo Iglesias emergió en un estado de indignación social. Suárez, porque el rey Juan Carlos se fijó en él. Felipe González, porque apareció en un momento de necesidad de cambio. Aznar, porque era la derecha sin complejos. Y así Trump, porque Estados Unidos necesitaba a alguien que le dijera América, first. Y así sucesivamente.

Ahora, tenemos entre nosotros a un personaje singular que se llama Greta Thunberg: una cría de 16 años que alcanzó el liderazgo con 15. Un fenómeno singular. Tan singular, que hay quien habla de gretadependencia. Los grandes interrogantes de la Cumbre del Clima se dividen en dos: los grandilocuentes, que se preguntan cuánto le queda por sufrir a la especie humana o cuál es el punto de no retorno, y los que esperaban a Greta para que la cumbre volviese a primera página. Pocos se interesaron por el momento de la llegada de jefes de Estado y de gobierno a Madrid. De Greta supimos al minuto a qué altura de la mar océana estaba; cuánto medían las olas a su paso o cuál era la velocidad del viento.

Ensombrece la actividad de todos los demás ecologistas que llevan años con esa bandera, denunciando la destrucción de los mares y de la fauna y de los paisajes. Y llega, perdóname, niña, una mocosa de Estocolmo, se planta ante el Parlamento de Suecia, convoca una huelga de jóvenes y se convierte en un mito. Convocó con éxito una marcha mundial. Logró hablar en una Asamblea General de la ONU. Les dijo a los poderosos que solo pensaban en el dinero. Reprochó a los políticos que no hacían nada por miedo a no ser populares. Y les echó una maldición: «Quiero que entres en pánico, que sientas el miedo que yo siento todos los días».

Y ahí está. Ayer, la Cumbre del Clima no tuvo más que su foto. Su rueda de prensa convocó a más informadores que el Papa. Fue aclamada como una diosa en la manifestación. Como pensadora solo aportó lo que puede aportar una cría de 16 años. Como ecologista está a años luz de los méritos de organizaciones como Greenpeace. Pero es el referente mundial en la lucha contra el cambio climático. ¿Cómo se ha fabricado? No busquéis una explicación científica: era más niña todavía, pero estuvo en el lugar adecuado en el momento oportuno. Lo demás es casi religioso: debe estar tocada por la mano de Dios.

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