Nuestra catedral del mar


Es el faro más bonito de Galicia. Concuerdo con los lectores de La Voz. Una de las siete maravillas gallegas, junto a la Torre, la Muralla, Santa Trega, el castro de Baroña, Combarro o la Catedral. Hay más. Cabo Vilán es nuestra catedral del mar. O, como dice la farera Cristina Fernández, que lo conoce por dentro, desde la punta del pie del primer escalón hasta el último destello tras vivir más de 40 años en él, «catedral de todos los faros, sin desmerecer a ninguno». La última guardiana da Costa da Morte es parte del brillo de esa joya que es Vilán, la idea romántica con más vida y fuerza que se me ocurre. El faro eléctrico más antiguo de España guarda una novela difícil de encasillar, con amor, hijos, amigos y valores, con pérdidas, con tormentas que obligaban a subir los 250 escalones corriendo o a mover las cunas de un lado a otro del faro para esquivar el agua en noches de temporal. Su protagonista es Cristina, alma de Vilán, una de las tres primeras fareras de España, pionera que emite destellos por WhatsApp. Yo tuve la suerte de estar en su casa, en Cabo Vilán, «que es la casa de todos», y huele a humedad y salitre, como ella dice, como huele agosto a los 8 años, como una pregunta existencial.

Hay oficios que son patrimonio inmaterial, valiosos modelos de vida. Imposible separar la belleza de Vilán del oficio de Cristina, la palilleira de las historias del mar, la mujer que se lo dio todo a nuestro faro catedral.

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