El doble error histórico del BNG

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

Cuando William Shakespeare escribía tragedias, el renacimiento inglés alcanzaba su cúspide. Hubo dramaturgos que intentaron emularlo. Ninguno lo consiguió. Quizá porque Shakespeare era el que más había leído a los clásicos, y regresando a ellos, sin duda, descubrió el aliento de su obra. En realidad, recrea a Séneca y su esencia filosófica: el error como causa de los infortunios. Los nobles de Séneca revertían su fortuna por mor de no enmendar equivocaciones. Sucedía una y otra vez. Shakespeare bebe en sus argumentos y edifica la obra dramática cúspide de la humanidad. Y, dicho esto, vayamos a la política. El BNG, si fuese un personaje de ficción y no ente político, sería digno de una tragedia shakesperiana. Porque no aprende, nunca, de sus errores constantes. Quizá sea el complejo de Peter Pan, actante quebradizo, quien reposa en sus entrañas y no la magnanimidad del bardo de Stratford. Peter Pan no quería crecer, el BNG tampoco. Por ello, una vez alcanzado un logro, intenta desandarlo. Es la piedra de Sísifo que tan bien diseccionó Albert Camus: subirla a la montaña para que caiga, constantemente. 

Cualquiera que conozca mínimamente la historia del nacionalismo gallego sabe que al BNG lo devora, siempre, el Partido Socialista (y en una ocasión la ola de la marea). Y el BNG, paradójicamente, regresa al error. Le cuesta pactar con los galleguistas de verdad, que viven y votan al PP de Feijoo, pero se echa en brazos del Saturno que lo engulle. ¿Es más galleguista el gobierno de Vigo que el de la Xunta? ¿Más nacionalistas los ediles periurbanos del PSdeG a los que les cuesta pronunciar una palabra en gallego que los alcaldes del rural del PP? No, y Ana Pontón lo sabe. Pero Pontón y la UPG prefieren otros socios. ¿Socios? Mentira.

El BNG siempre es subordinado en los gobiernos con socialistas. Y subordinado también cuando los apoya. Pasó en Lugo, Vigo, Ourense, etcétera. Hasta en mi pueblo (Verín), donde han gobernado cuatro años, y por 57 votos no ha conseguido el PSOE -a pesar del crecimiento excepcional del BNG- la mayoría absoluta. Conclusión: solo cuando el BNG gobierna sin ataduras del PSOE logra que reiteradamente voten sus siglas (Allariz o Pontevedra son el paradigma). Esa es la primera equivocación del BNG: acariciar a quien lo destruye, el PSdeG. Existe otra.

La otra es confraternizar con los independentistas. La otra es salir en la foto con Otegi, condenado por «pertenecer a ETA en grado de dirigente», además de una amplia variedad de delitos. La otra es defender sin ambages su coalición europea con Esquerra o con Bildu, ese partido que recibe con alharacas a los terroristas que salen de prisión.

Quizá, cuando el BNG enmiende su doble error, pueda escribir su definitivo renacimiento. Los errores repetidos, nos enseñó Séneca, solo causan infortunio.