¿Estamos todos ciegos?


¡Camina derecha! ¡No inclines los hombros hacia adelante! Cuando era niña no dejaba de escuchar esas órdenes que, por cierto, me ayudaron bastante cuando tuve que subirme a mis primeros tacones. Ahora, a veces, cuando paseo por la calle, me gustaría gritar eso mismo a más de uno. No porque quiera que aprendan a andar sobre unos buenos stilettos. Solo pretendo librarles, como una especie de heroína de DC a lo Wonder Woman, de esa ceguera por falta de atención en la que nos han sumido los smartphones. Habla de ella el escritor Henry Alford, al que se refiere un artículo de The New York Times donde recogen una de sus citas en la que desgrana el concepto: «Es el estado de la inconsciencia monomaniaca que se presenta cuando estás absorto en una actividad que te excluye de todo tu entorno». No quiero abrir una cruzada contra el uso de esos teléfonos, no. Solo pretendo invitarles a que no sean esclavos de la pantalla. A que usen el superpoder que nos ha dado la tecnología, pero no permitan que esta administre sus tiempos. Que no les robe el poder de encontrar referentes en la calle, no en Instagram.

No dejen de leer todo tipo de noticias. O no presten atención únicamente a aquellas que les pone en bandeja un algoritmo. Rebélense para ser algo más que un número dentro de un conjunto de consumidores convertidos en público objetivo. Pero para empezar pregúntense: ¿Nos estamos quedando ciegos?

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