Cataluña, dos mitades

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

23 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

El jueves 21 también llegó el invierno a la política catalana. Invocando este columnista a una reflexión serena, con el puzle de los datos desparramados sobre mi mesa de trabajo, debo considerar que uno de los escenarios mas indeseados se instaló en los resultados electorales.

El escalpelo del soberanismo dividió, seccionó a Cataluña en dos mitades la actitud política de la ciudadanía manipulada sobre supuestos falsos, decididamente bien orquestados que cuestionaban desde la posverdad, desde la mentira reiterada, la actitud democrática del estado español y subvertían desde las fake news, desde las noticias falsas, el orden lógico de una consulta electoral. Ha sido, como diría Fernando Vallespín en su texto sobre el populismo, que los límites entre realidad y ficción están perdidos y que «la ficcionalización de los hechos corre pareja a una factificacion de las ficciones». Es una lectura borgiana del desarrollo de una campaña electoral con un polo en Bruselas y el otro en la prisión de Estremera componiendo una propuesta surrealista montada sobre una farsa.

Ni siquiera las élites de la opinión mediática pudieron aproximarse a un análisis certero de una realidad deformada desde el inicio de una convocatoria electoral a dos meses escasos vista.

Los primeros anuncios de los triunfos parciales hicieron alusión a la proclamación de la república catalana, que no era la principal reivindicación de la campaña. Cataluña va a ser ingobernable, pasarán varias generaciones hasta que la herida, el navajazo que propició esta brecha abierta, que abrió en canal a la sociedad catalana comience a cauterizar. Irreconciliables son los argumentos que van desde acusaciones de fascismo por parte del catalanismo radical, de esos grupos antisistema afortunadamente mermados tras la consulta que manejan un mussoleninismo, como diría Aute, militante, con las propuestas serenas de los partidarios de una lectura constitucional y antiindependentista que son la formación que ha resultado vencedora de los comicios con una propuesta programática consistente en evitar la secesión. Es pronto para evaluar las consecuencias de los resultados del jueves, del día que llegó el invierno y se instaló la división catalana mas preocupante. Es pronto para mirar a Europa y desechar complacencias desde la UE, para evaluar dimisiones no pedidas, para sopesar los argumentos legales pendientes.

Hoy, mientras escribo esta columna, para mí es un día triste. En algunos lugares de España se abren botellas de cava catalán para festejar, celebrar, los premios que reparte el tradicional sorteo de la lotería. Anteayer, mientras esperaba el crecimiento del porcentaje de los datos que lentamente facilitaba el Gobierno en un bar en el que estaba, los clientes seguían con atención los partidos de la jornada de Liga, ajenos completamente a la cuestión catalana. Era la foto fija de las dos Españas, de las dos mitades en las que se dividió Cataluña. Habrá que esperar, para evitar análisis de urgencia. Yo soy pesimista. Adéu Catalunya, adéu.