Como los lectores sabrán, los pasados días la Guardia Civil ha realizado, por orden del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco, una macrorredada, así como registros en empresas y domicilios particulares, que han llevado a la detención de 51 personas en cuatro comunidades autónomas. La Unidad Central Operativa (UCO) ha dirigido la operación contra una trama de presunta corrupción municipal infiltrada en varios ayuntamientos y entidades provinciales de Madrid, Murcia, León y Valencia. Entre los implicados en la operación, se encuentran políticos, básicamente del Partido Popular, empresarios y funcionarios.
Pues bien, lo que más me ha sorprendido de todo esto no es que ese partido este pringado hasta las orejas, cuestión de dominio público, sino el hecho de que a la operación se le haya denominado operación Púnica. Como ya es conocido, el más relevante de los detenidos es el prolífico y extertuliano Francisco Granados, y el nombre de la operación proviene de la denominación latina de la planta de la granada, Punica granatum, muy popular por su cultivo y el original sabor de sus frutos.
Nada más lejos de mi intención que reivindicar el papel de la botánica en esta investigación, pero un vistazo a las informaciones referentes a la citada planta suministran algo más que pistas sobre lo que estaba ocurriendo; verán que la cuestión tiene su chicha. Para empezar, los tratados de botánica señalan que el granado es símbolo de la abundancia, muy sensible a la enfermedad conocida como podredumbre, además de que España es el primer país productor de granados de la Unión Europea. Caramba.
Mi sorpresa fue en aumento cuando leí lo que los manuales dicen de respecto a los tratamientos de poda del granado: «Eliminación de chupones. El granado, debido a su gran vigor, desarrolla alrededor de su tronco muchos brotes e hijuelos que deben ser eliminados cuando aparezcan, no dejando que aumenten de grosor, ya que son brotes improductivos y consumidores de savia». ¡Cielos, para mí que está hablando de Granados y sus colegas!
Tengo mis dudas sobre si las fuerzas de seguridad del Estado se dedican a leer tratados de botánica, cosa que no estaría mal, pero no me negarán que esta información parece redactada para orientarles hacia la señalada podredumbre. Cuestión aparte es quién ha sido el responsable de llamar a la operación con la denominación científica del género de la planta. Sobre esto, he tratado de indagar y, como otras veces, la respuesta la he encontrado en una tertulia del bar del pueblo: «A Garda Civil sabe latín».