Sudán del Sur, ¿una nueva guerra?


S i alguien confiaba en que, a punto de cumplirse el centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial, los humanos habríamos aprendido las dramáticas lecciones vividas a lo largo del siglo XX, estaba muy equivocado. Puede que Europa occidental, América y muchos países asiáticos disfruten de un agradable estatus de paz, pero el conflicto asola al resto de las regiones, alcanzando en África y Oriente Próximo el paroxismo de la violencia. El continente negro, aún resacoso tras el funeral de Nelson Mandela, se encuentra sacudido por conflictos, de origen tribal, religioso y económico. Si Europa se «cubrió de gloria» con el Holocausto judío, África ha elevado el genocidio a sus más altas cotas, en Ruanda, Uganda y Etiopía. Nos queda lejos, pero obligado es recordar el genocidio iniciado en el 2003 por el Gobierno musulmán de Sudán sobre la población cristiana y animista en Darfur, en el oeste del país (donde se concentran los yacimientos petrolíferos). Medio millón de muertos y dos millones y medio de desplazados, que hoy parecen menos frente a la crisis humana siria. La declaración de independencia de Sudán del Sur en el 2011 dio cierta esperanza de paz a una población masacrada. Sin embargo, el enfrentamiento entre los partidarios del exvicepresidente Reik Machar, de la tribu nuer, y los del presidente Salva Kiir, de la tribu dinka, amenaza con iniciar una nueva guerra civil en un país sin consolidar y en una región incapaz de afrontar más inestabilidad sin apoyo internacional.

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