Con tuiteros, ¿para qué sirve el Gobierno?

OPINIÓN

31 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Cada vez son más los expertos y las instituciones nacionales e internacionales que aseguran que la economía española ha tocado fondo, y que estamos en una nueva y dificilísima etapa que ha de llevarnos al crecimiento y a la recuperación del empleo. Cierto es que nadie le pone fecha a la culminación de estos nuevos objetivos. Pero todo indica que el pesimismo sistémico -todo lo hacemos mal, por este camino vamos al desastre, Obama sí que sabe, el euro se cae, Europa se desintegra, Merkel va a lo suyo, el Estado de bienestar pasó a la historia, todos los pobres del mundo son celtiberos- ya no funciona como aquel mantra negativo que nadie se sentía obligado a razonar ni demostrar.

Pero no echen las campanas al vuelo, porque los mismos sabios que no las vieron venir, y que cuando vinieron se apuntaron al Apocalipsis, están entrando ahora en otra barrena igual de estúpida que las anteriores, y cuya esencia consiste en decir que estamos saliendo gracias a la Providencia, porque su manual dice que es imposible reconducir una economía a base de ajustes. Y eso significa que una parte importante de la ciencia oficial -académicos, redactores de informes y analistas- van hacia su tercera etapa gloriosa: no previeron el caos; no acertaron con la medicina; y no se están enterando de lo que pasó.

Si usted escucha a algunos de estos gurús seguirá creyendo que el Gobierno marró todos los golpes, que lo que hizo De Guindos al dictado de la derecha neoliberal europea no se le ocurre ni al que asó la manteca, y que el PP solo se preocupó de desmantelar los servicios públicos y entregarle el Estado tan pulcro y eficiente que teníamos a los especuladores y piratas de toda clase y nacionalidad. Y por eso debe usted suponer que este respiro en el que estamos entrando proviene de agentes tan dispares como los indignados, o de Manolo el del bombo -que en vez de dedicarse solo a la Roja animó también al euro. También de Hollande que le plantó cara a Merkel y resituó a Francia en el centro de la UE; de Krugman, que a base de pronosticar el fin del euro logró afianzarlo; de la Syriza griega, que le plantó cara a lo troika y ayudó a quemar todos los contenedores de Atenas; y del Tribunal Constitucional de Portugal, que desvió el ajuste desde los funcionarios a los trabajadores y estuvo a punto de tirar a este puñetero Gobierno que no quiere salirse de la UE, reimplantar el escudo y ponerse a gastar otra vez a caño abierto. Unos héroes, vamos.

Rajoy, Bruselas, los empresarios y el gran sacrificio que tuvimos que hacer todos no sirvieron para nada. Y si España sale al fin del bache será gracias a los tuiteros, los indignados y los tertulianos, que en el justo momento en que todo colapsaba por culpa de un crecimiento enloquecido, supieron apostar por más crecimiento, más alegría y más desorden.