Las predicciones de Lester Thurow

Gonzalo Parente VENTANA AL MUNDO

OPINIÓN

31 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Es asombrosa la visión de este economista norteamericano que en 1993 vino a dar una conferencia en la Universidad Complutense de Madrid y cuyo resultado ha sido el libro La guerra del siglo XXI. Llaman la atención sus predicciones sobre una batalla económica entre EE.UU., Europa y Japón, a partir del año 2000, con estrategias y normas muy diferentes a las del siglo anterior, debido a una serie de revoluciones que cambiarían la vida de las naciones.

La primera revolución se produjo cuando los grandes capitalistas, buscando rentabilizar su dinero, produjeron un crac en los sistemas establecidos. Así, cada 80 o 100 años ocurre un fenómeno parecido que sirve para limpiar lo antiguo y traer nuevas estructuras. «Al final de este colapso financiero se suele vivir un largo tiempo dedicado a la reestructuración económica, limpiándola de economías infructuosas y lastres onerosos», y añade: «Vivimos un tiempo en el que vamos a recoger los desaguisados y desaciertos de la economía anterior». No quiso referirse a Europa, pero sí habló de EE.UU., en los años noventa, cuando «muchos bancos, líneas aéreas y establecimientos comerciales estaban en bancarrota» y los pisos perdieron un 50 % de su valor. Es curiosa la semejanza de las circunstancias del final del siglo con la situación que vivimos 20 años después.

La segunda revolución se produjo por la disminución del crecimiento económico anual en el mundo. Si en los años sesenta se crecía anualmente un 4 %, en los años noventa se llegó al 1 %. La disminución de la riqueza, según Thurow, se debía a los excesos de producción industrial y agrícola que generan excedentes comerciales.

Otra importante revolución ha sido la integración del antiguo mundo comunista en los sistemas capitalistas, especialmente en la agricultura, lo que está produciendo un choque competencial en los precios, incluyendo la llegada de los productos chinos que inundan los mercados occidentales. También la revolución tecnológica permite que los capitales se muevan libremente a la mayor velocidad, y los sistemas no tienen tiempo a reaccionar.

Por último, Thurow señala la existencia de dos sistemas capitalistas: el individualista que practican los americanos y el comunitario que identifica con los alemanes y japoneses. Los primeros se preocupan de producir bienes de consumo para aumentar el nivel de vida mientras que los segundos se dedican a mejorar los sistemas de producción. ¿A cuál nos incorporamos nosotros?