Una crisis donde no la había

OPINIÓN

LAS situaciones no son comparables. Pero el gabinete que gestiona el incidente del carguero holandés parece estar atrapado en una red que él mismo tejió tratando de evitar los errores del pasado. La sombra del Prestige ha pesado mucho, y conforme pasaban las horas fue tomando cuerpo la sensación de que estaban generando una crisis donde no la había. Anoche, más de cuarenta horas después de que el Ostedijk lanzase el SOS, sólo se había tomado una decisión clara: el barco no iría a puerto. Mientras, seguía siendo remolcado en un camino de vuelta hacia algún punto al norte de Galicia que, de nuevo, evoca aquellos días dramáticos del 13-N. Si la carga no es peligrosa, como se encargó de subrayar el Gobierno, si el barco no tiene graves problemas para la navegación, como también se certificó antes de darle la autorización para seguir rumbo a Valencia, ¿por qué no se tomó la decisión inmediata de acercarlo a puerto y solucionar, con más garantías que en alta mar, los problemas derivados de la descomposición de la carga? La dimensión de la catástrofe del Prestige hace imposible cualquier comparación. Pero una vez comprobado que el mercante no pudo seguir su ruta, la decisión adoptada el sábado de dar por zanjado el episodio (se calificó de incidente interno del buque) y darle vía libre hacia Portugal recuerda a aquella absurda orden de enviar el petrolero al quinto pino. La opacidad informativa y los comentarios sobre la posibilidad de remolcar el Ostedijk a algún lugar próximo a Viveiro (donde acabaron los bidones del Cason ) también removieron fantasmas del pasado. Lo que parecía una prueba superada para el dispositivo de emergencia va camino de convertir un problema menor en otro desconcierto administrativo.