LUÍS VENTOSO | O |
01 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.MAGDALENA Álvarez Arza, la ministra de los aves, puertos, puentes y carreteras, nació en Cádiz y el próximo día 15 cumplirá 54 años. De las cinco décadas que lleva en la Tierra, una entera se la pasó como consejera del Gobierno de Andalucía. Allí ocupó una cartera estelar, Economía y Hacienda, y se significó por pelear por más inversiones para Andalucía y por su tenaz reclamación del pago de la deuda histórica (algo que ya han conseguido). Zapatero gana y se la lleva a Madrid, como ministra de Fomento y cónsul del presidente Chaves. Y ahí nace un inesperado problema para nosotros: Galicia queda muy lejos de los intereses de la ministra, de sus caladeros de votos e incluso de su mapa afectivo (a pesar de que en su anecdotario figura un abuelo gallego). La ministra Álvarez, que es economista, ve las cifras claras: Andalucía tiene 7,9 millones de habitantes, es el granero fiel del PSOE y es el refugio donde recalará cuando la devore esa centrifugadora implacable llamada Madrid. Galicia tiene cinco millones de vecinos menos, el electorado anda muy repartido y el futuro político de Magdalena será el mismo aunque el AVE gallego llegue a Madrid en el 2014, aunque Vigo y A Coruña estén perpetuamente atascadas porque no hay circunvalaciones decentes y aunque se construyan unos flamantes puertos con unos accesos azerbaiyanos. Zapatero y Magdalena inauguraron en diciembre cien kilómetros del AVE Madrid-Málaga. El presidente sacó pecho ante la parroquia de su ministra y recordó que «Andalucía tiene el 30% de las líneas de alta velocidad en funcionamiento». Es ocioso recordar que Galicia no tiene ninguna, ni plazos serios para tenerla en breve. A Magdalena le da igual, claro. Pero quizá empieza a ser hora de que el presidente de la Xunta diga algo más alto y claro que a él no le da lo mismo.