Progenitora A y B

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

16 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

DEFINE muy positivamente a las sociedades libres y abiertas su reconocimiento social y legal de la diferencia, pero tiene poco de libre y de abierto y tiene su punto de mala conciencia que se reconozca la diferencia por la vía de fijar un rasero que quiere borrarla o hacer como si no existiese, aun después de lo mucho que costó darle normalidad social y legal. El Ministerio de Justicia modifica los modelos de asientos y certificaciones de Registro Civil y Libro de Familia y hace la que tiene por «imprescindible adaptación terminológica» en materia de matrimonio y su novedad homosexual. Lo que se nos propone en esa adaptación suena a burrocracia de doble erre y nos recuerda el celo y la competencia que, según Mark Twain, puso el joven recomendado al que escondieron en las páginas de Agricultura y salió de ellas sorprendiendo a jefes y lectores con un articulillo que recomendaba no recolectar los nabos meneando el árbol para ganar tiempo, sino arrancarlos de las ramas uno a uno para que no se mazasen. Bueno, si el autor de la adaptación terminológica que vamos a comentar está bien parapetado tras el dedo amiguete o la impunidad escalafonaria, nos hará la pedorreta y nos dirá, con Humpty Dumpty, que las palabras quieren decir lo que él quiere que digan porque él es el que manda. Parece que el burrócrata , doble erre, metido a adaptador de terminología todavía nos concede un rincón a los que somos marido / mujer, padre / madre, pero hace norma general la novedad de cónyuge A / cónyuge B, progenitor A / progenitor B, virguerías que apuntan a lo que decía al principio, a encubrir la diferencia con patochadas eufemísticas y a que lo diferente venga a ser o parecer lo que antes era único y normal. El burrócrata , doble erre, que se ha metido en diccionario de once varas debería saber que padre y madre, además de realidades biológicas que la lengua cubre también con el término progenitores , son también y sobre todo funciones y actitudes a las que puede y suele faltar más de un progenitor, pero que asumen con gozo y con eficacia muchas personas de uno y otro sexo para proteger y educar a hijos de los que no son ni podrían haber sido progenitores. Por lo tanto, dejando aparte milongas de quién y por qué jerarquiza como A y B a los cónyuges o progenitores homo o heterosexuales, echemos en falta la Cárcel de Papel de La Codorniz, infatigable en flagelar y aparcar mastuerzos y depredadores del idioma. Si el matrimonio es heterosexual, con padre y madre van que chutan; si el matrimonio es heterosexual, tendremos dos padres o dos madres y uno de los cónyuges puede ser progenitor de la criatura, pero de que puedan serlo los dos tengo una duda razonable. Progenitor alude exclusivamente a la realidad biológica imposible a dúo en unión homosexual, que, en cambio, admite dos padres o dos madres a los que no sería nada difícil darles entrada en el papel oficial, tan generoso otras veces en casilleros de menor relieve personal y social que estos de hoy.