09 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

YAZID es francés, pero sus padres, Smail y Malika, son argelinos. A sus 33 años está plenamente integrado en la sociedad gala. Su éxito profesional lo ha llevado a ser considerado un gran francés, a pesar de que sus rasgos y su cultura no son todo lo europeos que les gustaría a Le Pen y los suyos. Yazid es jugador de fútbol. Militó en el Cannes, en el Girondins y tuvo tanto éxito que acabó jugando en Italia y España e incluso llegó a la selección francesa. En París corearon su nombre miles de personas blancas, rubitas y cristianas. Yazid es el segundo nombre de Zinedine Zidane. Mohamed es de la misma quinta que Yazid. Sus padres son marroquíes, pero él nació en Lyon. Como Yazid, se crió en un barrio humilde, pero, a diferencia del galáctico, él jamás logró salir de allí. Fracaso escolar y paro fueron la consecuencia lógica de su situación. Mohamed nunca dio pie con bola en lo que al fútbol se refiere. Así que la Francia blanca no lo considera un buen francés, sino un extranjero peligroso que quema coches y rompe cosas porque es un vándalo. Nadie puede entender que Mohamed y sus compañeros de miseria expresen su frustración con violencia. No le demos más vueltas, el problema de Francia es de racismo. Hágase las siguientes preguntas: ¿alquilaría usted su piso a un tipo que se llamase Mohamed? ¿Llevaría a su hija a un pediatra que se llamase Mohamed? No, pero sí colgaría en el cuarto de su hijo un póster de Yazid. Porque el único moro bueno es el moro exitoso. ¡Ay de nosotros!