LOS RECHAZOS de Francia y Holanda a la Constitución europea parece que han puesto patas arriba la confianza general en el futuro de la Unión Europea. Sin siquiera tomarse un tiempo de reflexión para saber dónde estamos, son muchos -demasiados- los políticos que se han lanzado precipitadamente a la piscina de los vaticinios más o menos alarmistas. Entre éstos no faltan los que ya vislumbran la descomposición de la UE, el regreso a las monedas nacionales o cualquier otro debilitamiento de la Unión. Por supuesto, son los mismos que creen conveniente anular el proceso de refrendo constitucional o, cuando menos, paralizarlo por un buen tiempo. Mientras tanto, Schröder y Chirac se han afanado este fin de semana en la búsqueda de una salida a la grave crisis. El presidente francés, con la misma banalidad en que incurrió en sus mensajes a favor del «sí», pide que se mantenga el calendario de ratificaciones. Pero se equivoca al creer que el referéndum que acaba de perder (y que convocó porque lo creía ganado) no afecta al conjunto de la UE. La realidad es que estamos ante un triunfo de la democracia y de la libertad en Europa, pero también ante una derrota del proyecto de construcción de la UE. Así de simple. Los nervios de algunos europeístas y la alegría de los desafectos no definen la situación. No se trata de una final de la Champions League con victoria del Liverpool. Se trata de que no todos quieren más Europa (lo dijo el líder socialista holandés), ni todos quieren integrarse más y con cada vez más países. La última ampliación y la cercanía turca no habían sido asumidas por los ciudadanos. Casi el veinte por ciento del «no» francés salió de los que están contra el ingreso de Turquía en la UE, y casi la mitad del holandés surgió del rechazo a la ampliación al Este. Datos para tener en cuenta ¿Corre peligro la UE? No atraviesa el mejor momento, pero tampoco hay razones para el catastrofismo. La crisis tiene salidas, aunque la ausencia de líderes estables y carismáticos pueda retrasarlo todo. Podemos caer en el inmovilismo, pero no durará. La UE ya no puede dejar de avanzar, aunque sea dando complicados rodeos.