USTEDES no lo saben, pero los 14 de noviembre -para mí- no son un día cualquiera. Independiente del año. En el 2002, tampoco. La Voz de Galicia abría a cinco columnas: « Un petrolero a la deriva amenaza a Galicia con una gran marea negra». En estos dos años no se ha puesto remedio a situaciones y causas que permitieron que aquella amenaza se convirtiera en la mayor marea negra que afectó a Europa. Y el único proposito de la enmienda, sobre la gestión política de aquel tremendo desatino, apenas quedó reducido a sustituir aquella primera observación, «no se puede hablar de marea negra, sólo es un vertido de fuel», por aquella otra de «la próxima vez diré que puede llegar hasta Ourense». Fueron suficientes dos meses de persistente Prestige, con persistentes desatinos ante una tragedia, y una nueva percepción de la política, para que se iniciara una profunda crisis en el Partido Popular y en el Gobierno de Galicia, que todos los principales actores se empeñan en negar de palabra, pero confirman con sus continuos órdagos en la partida de mus para posicionarse en el tiempo que se avecina. Hoy quizá algunos se atrevan a preguntar por Nunca Máis , pero hace dos años ese movimiento fue la cristalización de una sociedad civil que se puso al frente de la catástrofe. Pero si Nunca Máis fue importante, la definitiva respuesta de la sociedad civil se visualizó, con todo su dramatismo, en la gesta épica de los ciudadanos del mar y de las rías. Marineros y bateeiros defendieron su medio de vida y transformaron definitivamente la percepción de la tragedia, y la actuación frente a ella. Se desencandenó la marea blanca: miles de voluntarios enfrentados a la marea negra negada, propagando la dimensión de la tragedia, la mala gestión de los gobiernos y sus administraciones, y el abandono de Galicia. Sucedió que esos meses no fueron inocentes. Pudimos contar, quizá como nunca en nuestra historia reciente, con la fortaleza y profesionalidad de algunos medios de comunicación -destacadamente este periódico- que no ahorraron determinación y esfuerzos para informar a una ciudadanía ávida de saber. El Prestige, la tragedia y su gestión, despertó en nosotros los gallegos las ansias por conocer. Los gallegos nos convertimos en unos enamorados del conocimiento, hicimos nuestro el Atrévete a saber . No dejemos que se cieguen las fuentes del conocimiento.