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17 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LA MENTE es una trampa, acecha. Somos animales heridos. Pantani pasó de la acción al pensamiento y ya no pudo consigo mismo, con el espejo retrovisor del pasado, la herida del tiempo. El cuerpo del delito son los propios ciclistas, inocentes. Cuanto más rápido corren, más pronto se caen. El ciclismo era un deporte noble. Era la metáfora perfecta de la lucha en la vida. Siempre hay que pedalear. Sobre todo, en pendiente. Si dejamos de pedalear, nos caemos. Pero el ciclismo se convirtió en show y llegó el poderoso caballero don dinero que todo lo confunde. «Da al bajo silla y al cobarde hace guerrero», dijo el poeta. La sospecha de correr al límite pasó de la cuneta a la carretera. ¿Se fue Induráin a tiempo? Tenemos dos cruces sobre el asfalto épico, dos juguetes rotos cuesta arriba: el Chaba Jiménez y el Pirata Pantani. Los dos murieron como corrieron: solos. Se olvidaron de apretar los dientes, se olvidaron de no dejar nunca de pedalear. ¿Cuánta parte de culpa tiene esta sociedad maldita, mediática, que nos exige ir tan deprisa que no sabemos hacia dónde vamos ni por qué? Para ellos, la meta era la muerte, súbita. Ojalá que ahora corran en paz entre las nubes volantes, al final de su escapada. cesar.casal@lavoz.es