Una Constitución para Europa

OPINIÓN

NO HAY DUDA de que Francia y Alemania quieren progresar en la construcción europea, pero tampoco la hay de que sólo se fían de sí mismos para ese menester, decididos a constituirse en el eje decisivo sobre el que avance la carreta de la Unión Europea. El propio hecho de que la Constitución elaborada por el expresidente francés Valérie Giscard d'Estaing haya sido avalada desde el principio sin el menor reparo por los dos grandes países demuestra que el redactor mantuvo con ellos unos contactos que no tuvo con otros Estados. Y así llegamos a la cumbre de Bruselas del próximo viernes. España y Polonia se resisten a perder el poder alcanzado en Niza. Otros países más pequeños se pliegan recelosos, sin olvidar que alemanes y franceses se han autoindultado caprichosamente por su incumplimiento del Pacto de Estabilidad. Los británicos no tienen inconveniente en aceptar cualquier demora, ya que nunca tuvieron prisa por construir Europa. Y los italianos, con el frívolo Berlusconi al frente, han decidido alinearse con los más poderosos. Una Unión Europea de 27 países y quinientos millones de habitantes se dispone a poner en pie una Constitución común. Es muy importante que salga bien, como afirman Giscard d'Estaing, Jacques Chirac y Gerhard Schröder (éste por boca del verde Joschka Fisher). Pero no sólo bien para ellos, sino bien para todos. Asegura el presidente francés que es mejor aplazar la decisión que resignarse a un mal acuerdo. Lo mismo dice (¡qué casualidad!) Giscard d'Estaing. Y Alemania amenaza con una Europa de dos velocidades, de cuya vanguardia quedaría excluida España si no se pliega. ¡Quién pudiera trasladarles el espíritu de consenso en que surgió la Constitución Española de 1978! Los gestos hoscos de Chirac, Schröder, Aznar y el polaco Leszek Miller no parecen garantizar lo mejor. Aunque en Europa, ya se sabe, el acuerdo se alcanza en el último minuto de la última madrugada, cuando el cansancio y el abatimiento los dejan a todos defendiendo el baluarte de sus respectivos mínimos. Entonces Europa resurge, avanza y crece. Y probablemente así será también esta vez.