HACE COSA de doce trienios, si mi funcionarial memoria no me traiciona, cantaba yo en un coro una canción del mismo Mendelssohn de la matraca nupcial que te advierte «¡Piénsalo bien! ¿Qué vas a hacer?» antes de que venga Wagner con la suya a certificar que «Ya te has casao, ya la has pringao». En aquella canción Mendelssohn era feliz profeta de los tiempos de enchenta que los gallegos vamos a vivir: al principio te desanimaba el título, Crepuscular , pero de pronto los bajos tomábamos la iniciativa y, disolviendo el desánimo catatónico en que se consumían sopranos y tenores, declarábamos estentóreos «¡El AVE del ensueño alza el vuelo veloz!», y el resto de la masa coral se asociaba a nuestro júbilo e invitaba a no sé qué clarines de oro de la diana matinal y se restauraban los ánimos que el crepúsculo había dejado alicaídos. Con un mínimo de pesquis y con la conocidísima operación de mutatis mutandis basta para adivinar que de aquella Mendelssohn pensaba en Galicia y en sus alifafes, para cuyo remedio a Aznar y a Cascos les faltó tiempo y boletín. Ahora entramos en la recta final de la Historia con aquel AVE que entonces sólo era del ensueño y ahora es carne viva y multiplicada a esgalla, a AVE por barba, y sin otro problema que contar con unos frenos archipotentes, no sólo para no irse a la ría cuando entre mangado en Coruña y Vigo, sino también para no pasarse cuando, por ejemplo, salga zoando de Santiago y para no pasarse de Compostela el maquinista tenga que pisar el freno a fondo. Observe el curioso lector qué bien escurro el bulto a la ingrata tarea de decidir cada cuantos quince o veinte kilómetros deberá haber estación y parada para la celerísima avifauna que se nos viene encima. A mis equis años de edad, pero equis al cubo de experiencia, no entra en mis expectativas la de coger un AVE en Santiago después de desayunar para comer con mis hijas en Madrid. Y conste que yo desayuno en Santiago todos los días y que tengo dos hijas residentes en Madrid y las visito; por tanto, el flanco débil lo pone el AVE y habrá que seguir desayunando temprano para viajar por las mejores autovías de España y poder comer en Madrid a su hora. En cambio, sí que me temo ser espectador de las trapalladas desmedidas que en Irak se dispone a hacer Bush, que no se redimirá ni siquiera echando de una puñetera vez al tipo que ya era un impresentable cuando lo mantuvieron y no lo liquidaron porque les convenía para amolar a otros. Y como lo mejor del nuevo AVE que dicen que dicen que está al caer dentro del siglo en curso es haber proyectado comm'il faut el tramo de Ourense a Zamora, también les diré que lamenten que el Irak no caiga por Campobecerros, A Gudiña, O Padornelo... porque, si Bush tuviese que llevar hasta allí sus tropas por el ferrocarril actual, renunciaría a la guerra.