PASIONES APARTE, casi nadie acaba de entender que el derbi de la solidaridad estuviese a punto de convertirse en un derbi negro y no como alegoría de la negra marea muerta que no cesa, sino de la incapacidad de los gallegos para no fraccionarse en pequeñas bolas de chapapote minifundista. Miguel Rodríguez Corgo, de Lugo, se indigna con lo que sólo se evitó en el último momento y sólo en méritos de la mediación del presidente de la Xunta. «¿Cómo se puede entender que cuando parecía que iba a haber una excepcional hermandad entre Dépor y Celta, hasta el punto de formar un combinado a beneficio de los damnificados de la catástrofe del Prestige , llegue la surrealista reclamación del señor Lendoiro, como una especie de provisión de fondos, aunque sólo sea un puñado de euros, por si las moscas algún fanático ensuciase el estadio de Riazor?», dice. «Me da igual que el autor de la asombrosa propuesta sea el presidente del Dépor, pues lo mismo diría si fuese al revés, por parte del presidente del Celta», aclara el remitente. Rodríguez Corgo termina con este significativo párrafo: «Si continuamos así acabaremos por creer que la única forma de unirnos en este desgraciado país nuestro dependerá siempre de la presencia de voluntarios de fuera». Este correo tiene, ciertamente, un tono algo apocalíptico, pero no se halla falto de razón, incluso si se trata del fútbol, donde todo vale.