XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
07 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La única crítica que se le puede hacer al Informe sobre la convergencia de Galicia con las regiones europeas, auspiciado por la Fundación Tilve y firmado por Fernando González Laxe, es que no dice nada que no hayan dicho mil veces todos los informes estadísticos, oficiales y privados, que se realizan y publican en la Unión Europea. Por eso, lejos de descalificarlo por la brava y de insultar gravemente a su autor, lo que debería hacer el presidente Fraga era llamar a su antecesor para agradecerle tres cosas. La primera, que sea el informe más generoso que se ha publicado desde la muerte de Franco, y que rebaje a 25 años un plazo de convergencia que otros sitúan más allá de los cuarenta. La segunda, que se haya ocultado el dato de que esa diferencia es lábil, y que ya hace 25 años que nos vienen faltando los mismos 25 años que ahora nos faltan, sin que esa maldición de Sísifo se haya atenuado con la integración europea y la lluvia de millones que riega generosamente nuestra ineficacia. Y la tercera, que el ex-presidente González Laxe apueste por unas recetas teóricas (natalidad y nuevas tecnologías) que, siendo puras utopías en el contexto actual, se parecen como dos gotas de agua a las magistrales fórmulas que nos endilga el propio Fraga en todos los discursos sobre el estado de la autonomía. Pero, en vez de hacer tal cosa, y comportarse con el estilo propio de una democracia avanzada, el inspirador de las estadísticas de Pérez Varela, que redondea los turistas y los peregrinos de millón en millón, y que consigue multiplicar por cinco el número de visitantes mientras Renfe e Iberia se quedan sin viajeros, optó por arremeter contra la profesionalidad del catedrático González Laxe, negar -¡otra vez!- toda estadística que no sea convertible en propaganda, y meternos de lleno en una discusión típica del tercer mundo, donde la incapacidad para identificar, definir y medir los problemas precede a la absoluta imposibilidad de afrontarlos de forma racional y objetiva. ¡Qué nivel! ¡Qué ejemplo para los alcaldes que quieren parar el AVE en cada parroquia! ¡Qué muestra de confianza para los empresarios que tienen que decidir sus inversiones entre los milagros de un país perfecto y ejemplar, envidia de propios y extraños, y la cruda realidad de una renta que no alcanza el 65% de la media europea! ¡Qué aliciente para los estudiantes que piensan que los profesores hacen estudios serios e independientes, ajenos a los intereses del capital o la política! Si antes teníamos un catedrático batasuno, tolo e instigador de pirómanos, ahora tenemos otro que cabrea al patrón con informes amañados. Y es que, cuando el perro es flaco, incluso los catedráticos se vuelven pulgas.