Las cosas que pasan son también las que no pasan. De ahí que lo que se percibe de ellas sea o haya de ser una mezcla de imaginación ¿a temperatura variable¿ y de sabiduría para ir atando cabos, y que esta sabiduría consista, en sus mejores y peores momentos, en una combinación de lo que se sabe y lo que no se sabe. Las cosas tienen un modo de ser que puede acarrear dolores de cabeza y suscitar algún quebranto transitorio de la paciencia, sobre todo cuando son las cosas de la política que se hace por aquí. Hay aspectos de la política española cuya espectacularidad radica, no pocas veces, en lo mucho que hay que especular sobre lo que se ignora para interpretar de alguna manera lo que nunca se ve del todo. En España, la política internacional interesa bastante poco, y la política nacional no hay modo de que deje de ser partisana. Lo primero, el escaso interés que provoca la cosa internacional, produce el efecto de que nadie se de por aludido. Lo segundo, la excesiva hegemonía de la razón ideológica o del razonar militante sobre la razón a secas, da lugar a que haya excusa para todo. Si, a partir de ahí, alguien ¿algún hispanista, por ejemplo¿ pensara que ésta es la tierra de Tócame, Roque, habría que mostrarle que lo sería si todos cuantos quieren que les toque Roque y el mismísimo Roque supieran estarse quietos. Pero no hay tal sosiego. Aquí todo el mundo anda ajetreadísimo, y por eso hay tanta ojera. La ojera es una especie de flor de pasión, y la pasión, aquí y ahora, es una suerte de pugna soterrada en la que todo el mundo se siente con patente de corso porque, entre otras cosas, meter la pata sale baratísimo. Es lo que ocurre cuando todo se enmaraña con teorías de estructuras subyacentes y significados oblicuos . Eso por un lado. Por otro lado, la pugna soterrada es, como casi todas las pasiones, muy viciosa de sí misma, y no quieren que le hablen de otra cosa. Fuera de sí misma sólo se entretiene con su imagen en el espejo o con su sombra. Y tanto las sombras como las imágenes especulares, junto con su estricta simetría, suelen dar en fantasmas. Y el fantasma puede ser muy útil al sistema, sobre todo al sistema de las cosas de las que estoy hablando. De ahí que se cuide al fantasma, y que el fantasma se vea muy bien puesto en su categoría de intangible, aunque parezca lo contrario. Es una técnica a la que resulta muy útil aquel consejo de daba a quien lo quisiera un astuto periodista americano: «A veces hay que dar noticias para que no ocurran los hechos que las producirían». Así que nunca sabremos lo que pasó y como pasó en cuanto a los pasos de Felipe González en Tánger. Churchill dijo de Rusia que era un secreto envuelto en un misterio encerrado en un enigma. Pues algo así nos pasa. Nada del otro jueves. Y por si esto no es suficiente consuelo, cabe también pensar en lo que dijo otro político británico refiriéndose al ser humano: que todo hombre encierra un mono que lucha por darse a conocer. Hay varias versiones de la ocurrencia, en las que se cambia al mono por un cerdo, por un ratón, e incluso ¿dado que no hay intención de ofender¿ por una Ballena Blanca.