ERNESTO S. POMBO MUY AGUDO
24 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El plan de reestructuración, mejor dicho de destrucción, de la flota gallega que faenaba en aguas de Marruecos parece ya inevitable. La Comisión Europea nos va a financiar el desguace con un montón de miles de millones y hasta el conselleiro de Pesca, Amancio Landín, reconoce con optimismo que «hai cartos máis que suficientes». Es la autojustificación a la inoperancia. La defensa, pobre defensa, ante los continuos fracasos negociadores. La autoexculpación ante la incapacidad. El alcalde de Ribeira y presidente de la Diputación coruñesa, José Luis Torres Colomer, no debe de compartir estas ideas. Quizás porque sabe que el pulpo no llega a la mesa de los restaurantes sin esfuerzo. Lo aprendió durante toda su vida, en una comarca que tiene a la pesca como el principal medio de subsistencia de sus habitantes. Lo aprendió viendo el sufrimiento diario de los pescadores y padeciendo junto a ellos las catástrofes que, periódicamente, el mar les obliga a vivir. Por eso, Torres Colomer no se ha rendido ante el fracaso de las negociaciones de la UE con Marruecos para la utilización de sus caladeros. Y se ha apresurado a encabezar una delegación, junto con armadores, pescadores y sindicatos, para tratar de recuperar el diálogo roto y reabrir los contactos que permitan, al menos a la flota artesanal, volver a faenar en el caladero alauita. Su intuición y sentimientos le dicen que hay que seguir intentándolo. Al alcalde de Ribeira lo mueve el sentido común. El que no hay que darse por rendido cuando se trata de un problema de la envergadura del que afecta a la flota de su comarca. A Torres Colomer lo mueve la dramática situación en la que van a verse inmersos los pescadores gallegos. El no quiere desguazarlos. Por el momento, es el único que ha mostrado cierta sensibilidad y preocupación por sus gentes y por el sector. Los demás se dedican a ver el espectáculo, cómodamente, aposentados. Dejan pasar el tiempo rendidos, incluso satisfechos por las ayudas que la UE ha negociado para la flota. Resignados a asistir a otro ataque furibundo, y puede que definitivo, contra los hombres del mar. La iniciativa surgida en Ribeira es producto de la sensibilidad de la que parecen carecer los responsables políticos y sociales de otras comarcas gallegas que no han valorado suficientemente el alcance de la medida. Ahora que se acercan las vacaciones deberían de leer a Honoré de Balzac. Aprenderían entonces que «la resignación es un suicidio cotidiano».