ALARMA PERMANENTE

La Voz

OPINIÓN

ERNESTO S. POMBO MUY AGUDO

09 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Celia Villalobos no es una ministra. Es una alarma. Una alarma permanente. Un sobresalto continuo. Celia es un torbellino que nos da unos disgustos que van a acabar con nuestra salud. La ministra de Sanidad del Gobierno Aznar nos tiene acostumbrados a meternos el canguelo en el cuerpo. Lo hizo con las vacas locas, con la fiebre aftosa, con el tabaco, con la peste porcina. Y lo acaba de hacer con el aceite de orujo de oliva. No va a ser la última vez. El escándalo y el espectáculo son innatos con su forma de ser y proceder. Si la UE reconoce que el aceite de orujo de oliva no presenta serios riesgos para la salud de forma inmediata. Si expertos en nutrición califican la medida de Sanidad de precipitada. Si se sabe que otros productos alimentarios superan los límites de benzopireno y la propia ministra dice que no hay el mínimo riesgo para los que hayan tomado este tipo de aceite, cabe preguntarse por la necesidad que existía de alarmar a la ciudadanía y por enfrentarse a productores, distribuidores, exportadores, consumidores y miembros de su propio Gobierno. Es innegable que, por encima de todo, tiene que prevalecer la prevención de posibles peligros para la salud. Pero Celia Villalobos ha vuelto a actuar con precipitación e irresponsabilidad. En momentos en los que hay que tranquilizar a la población, ella, con una campechanía impropia de una ministra, convierte el problema en espectáculo y nos aterroriza, nos espanta y nos sobresalta. Y eso es tan dañino para la salud y para la economía del país como algunos de los peligros que las acechan. Evidentemente, la alarma creada no se corresponde con el alcance del problema. Más si se tiene en cuenta que el sector se había comprometido a eliminar las sustancias peligrosas y Sanidad a retirar ordenadamente el aceite cancerígeno de los supermercados. Pero Celia Villalobos ama el escándalo, la confusión y la alarma. Y fiel a su proceder, desde la llegada al ministerio, ha vuelto a actuar con precipitación e inseguridad. Sanidad es un departamento que hay que gestionar con prudencia. Con precaución. Con mesura. Con gran sentido común. Con la discreción, serenidad, tacto y cordura que imprimía José Manuel Romay. Sin sobresaltos. Porque a este paso va a resultar que son más nocivos para nuestra salud los sustos que nos da Celia Villalobos que la nicotina, las encelopatías espongiformes y el benzopireno.