DESOBEDIENCIA

La Voz

OPINIÓN

ERNESTO S. POMBO MUY AGUDO

12 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los armadores gallegos son tercos. El ministro Arias Cañete, tras anunciarles el desgüace de la flota, les recomendó dedicarse a la hostelería. Y no le hicieron ni caso. Quieren seguir pescando. Y además en Marruecos. Pese a las advertencias de Fischler y de Cañete que lo dijeron bien claro: hay que dedicarse a servir copas. Lo que los armadores gallegos han hecho se llama desobediencia a la autoridad. En otros tiempos desairar a la autoridad competente era para echarse a temblar. Ahora ya se ve que no. La esperanza de que las negociaciones iniciadas estos días con Marruecos para conseguir que doscientos barcos, unos sesenta de Ribeira y A Guarda, vuelvan a faenar en las aguas de las que fueron expulsados hace año y medio, pueda convertirse en realidad, debe de servir, cuando menos, para que las autoridades europeas, se planteen, nuevamente, su capacidad negociadora, puesta en evidencia día tras día. Los armadores han dejado, una vez más, en evidencia a quienes gestionan la UE desde despachos y restaurantes. Y, al tiempo, vuelven a sembrar las dudas sobre el interés que Europa tiene por ciertos problemas españoles. Contrariamente a lo ocurrido con los sectores ganadero, olivarero, lácteo y vinícola, los pescadores han reabierto unas negociaciones que todos dábamos por perdidas. Porque muchos creímos en nuestros negociadores, mientras los pescadores lo hacían en la viabilidad de su sector y en su propio trabajo. Sin rendirse. Se negaron a aceptar su muerte. Por muy anunciada que fuera. Parece evidente que nuestras autoridades nos llevan por Europa adelante a empujones. En algún caso, incluso, nos llevan de rodillas. Van a conseguir que aborrezcamos la UE. Están a punto de lograrlo. Si la voz de España no se oye, es mejor que cambiemos los interlocutores. Ningún logro se consigue sin tesón y sin lucha. Y los armadores nos están demostrando que no se ha luchado lo suficiente y que sólo peleando, se ganan las batallas. Va a ser difícil que les expliquemos a estos pescadores para qué les sirve Europa. Sinceramente, carecemos de argumentos. Quizás la Europa perfecta sea una maravilla. Pero la que estamos construyendo nos demuestra a cada instante que el camino no parece el idóneo. Lo que para nuestros negociadores es monotonía y aburrimiento, para nosotros es el pan de cada día. Que se cambien los papeles. Que los armadores gallegos nos defiendan en Bruselas. Y que Fischler, Cañete y sus cofrades se vayan de pesca.