HIPOCRESÍA ELECTORAL

La Voz

OPINIÓN

FÉLIX SORIA IM-PULSO

04 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Un gallego que emigró a Barcelona hace veinte años no puede votar en las elecciones autonómicas galaicas. Pero sí puede hacerlo un emigrado a Venezuela. Curioso. Significativo. Un gallego residente en Francia puede votar en los comicios locales de Lyón y en los de Monforte, por ejemplo, como residente ausente. ¿Democracia de sangre?, ¿o acaso étnica? Cuando los legisladores son capaces de inventar colchones mentales como el de los residentes ausentes, es lógico que haya votantes muertos, vivos discriminados y ejercicios de hipocresía por doquier. Los nacidos gallegos que habitan en el Nuevo Continente desde hace medio siglo tiene derecho a elegir el futuro gobierno autonómico. ¡Oh, la diáspora! Pero de ese elemental derecho carecen los caboverdianos que desde hace lustros respiran, trabajan, gozan y sufren en Burela. Es lógico que los hijos de Galicia aspiren a votar en cuantos sitios puedan, incluso después de muertos. Sin embargo, nadie parece interesado en saber por qué no votan los inmigrantes residentes y presentes, en cuyas nóminas también figura la retención a cuenta del impuesto sobre la renta.